Vende los postres que hornea para ayudar a los más pobres de su comunidad

Los días de pandemia han despertado el ingenio y generosidad de muchas personas. Pese a toda la tragedia que se ha vivido en los últimos meses, aún hay quienes están dispuestos a ser luz para la vida de otros y uno de ellos es un pequeño de sólo 11 años que encontró el modo más dulce de ayudar en medio de la crisis.

Su nombre es Enzo Bard, un niño de la zona oeste de Río en Brasil.

Enzo está fabricando y vendiendo su postre favorito por una buena causa: ayudar a los desprotegidos. Aunque luce como cualquier otro pequeño de su edad, en su pecho guarda un gran corazón.

El chico no puede quedarse ciego ante las necesidades ajenas, así que está aprovechando el confinamiento para hornear adoquines que vende junto a su familia. Pero esto no se trata de un emprendimiento familiar, sino de una causa más que hermosa.

Con el dinero que el joven recauda de las ventas, compra alimentos y arma canastas que envía a las familias más necesitadas de Cidade de Deus. Esta es una zona bastante pobre de Río de Janeiro en la que viven muchas personas en situación de riesgo y que además no han podido trabajar debido al confinamiento.

Antes de la pandemia Enzo era un niño como cualquier otro, aunque su gran corazón siempre ha salido a relucir. A este estudiante de sexto de primaria le encanta jugar al fútbol pero cambió el balón por la cocina y ahora hornea por una buena causa.

Como ama estos postres aprendió a hacerlos en casa pero a principio de esta cuarentena se le ocurrió hacerlos para la venta y con ello ayudar a las víctimas del COVID-19. El chico dio rienda suelta al proyecto con los ingredientes que tenía su madre y sus vecinos y familiares se convirtieron en sus primeros clientes.

Los adultos al ver el interés del niño en ayudar terminaron por unirse y son ellos quienes se encargan de hacer que los alimentos lleguen hasta su destino final, las familias de Ciudade de Deus o Ciudad de Dios, según la traducción en español.

Enzo ya aumentado su producción y con el dinero que recaudó en sus primeras ventas logró abastecerse de materia prima para iniciar formalmente su proyecto. Con lo poco que gana con cada pavé ha comprado la comida que tendrá como fin último las familias necesitadas.

“Vendo cada uno por 5 reales  [1 euro]. Estoy emocionado porque hasta ahora he logrado recaudar R $ 500 [100 euros] para hacer las canastas básica”, dijo el niño.

Las redes han servido para que la iniciativa de Enzo sea dada a conocer y ahora no sólo los vecinos compran sus dulces, sino también desconocidos que los piden por encargo. En sólo una semana este joven encontró el modo de ayudar y ha sabido muy bien cómo aprovechar todo el tiempo libre que la cuarentena le dejó.

Enzo es un chico noble y lleno de voluntad, su ejemplo debería ser inspiración para otros pues en los momentos difíciles la solidaridad debería desbordarse. Comparte su historia y sé multiplicador de su iniciativa.

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