Un abuelito sobrevive dentro de su humilde carrito de dulces desde que perdió a su esposa

No hay dolor que supere la pérdida de un ser querido, más aún si se trata del amor de nuestras vidas. Cuando sobreviene la inevitable muerte y extiende su manto a nuestro alrededor, todo se nubla, y quedamos a la deriva, sin encontrar consuelo para nuestra alma, llena de recuerdos felices que no volverán.

Esta es una historia de amor que nos robó el corazón y nos dejó a punto de las lágrimas, la del Sr. Bernardo da Silva, un dulce anciano de 75 años edad quien, desafortunadamente, acaba de perder a su esposa a causa del cáncer.

Desde entonces, hace casi dos meses que no consigue soportar tan hondo dolor. Y es que, quedó sumido en la tristeza, pero, como una terapia para aliviar la pena y el vacío que le quedó y mantenerse a sí mismo, decidió pasar los días en su archiconocido carrito de dulces ubicado en la ciudad de Rio Branco, Brasil.

Sin embargo, la hasta ahora indetenible pandemia por coronavirus desvaneció por completo su pensión del seguro social y tampoco se le permite vender su mercancía azucarada. Por lo que su situación es realmente deplorable y triste.

Su carrito es su único refugio, ve pasar su tristeza y días dentro de él. De modo que, al conocerse los pormenores de estos últimos días que ha tenido que sobrellevar, se lanzó una campaña de recaudación de enseres y dinero en metálico para ayudar a Bernardo. Necesita sobretodo mantener una alimentación adecuada para su edad.

“La cantidad recaudada se utilizará para mantener a Bernardo, que necesita alimentarse bien y cuidar de su salud”, se leyó en aquella iniciativa publicada a través de todas las redes sociales.

Por su parte, Francisco, el hijo del otoñal e inconsolable Bernardo, ha tenido que enfrentarse al mismo problema financiero que su padre, ya que también regenta un carrito de dulces en la misma ciudad carioca.

Lo más triste de la situación es que, entre lo que devengan ambos, no llegan siquiera a cubrir un salario mínimo en Brasil. Habitan en una casa a punto de derrumbarse, que prácticamente está en ruinas. Eso, sin mencionar el profundo sentimiento de luto que ambos comparten por igual.

“Ella, mi madre, fue nuestra base, incluso ante las dificultades. Vivimos en una casa en ruinas, sin agua corriente, sin luz y el baño está improvisado fuera de la casa”, confesó Francisco.

Pero, las dificultades no paran de presentarse, ya que, además, Bernardo debe lidiar con una enfermedad muy cruel llamada lacalioze, que le provoca graves heridas cutáneas. Ante tantas adversidades, para seguir colaborando con Bernardo y su hijo, se ha lanzado un nuevo llamado de ayuda.

El objetivo sigue siendo recaudar fondos para el sustento de esta familia, permitirles reconstruir y dignificar su hogar, renovar el puesto de dulces y ayudar a costear el tratamiento del Sr. Bernardo.

En una actualización se conoció que, hasta el momento, se han podido reunir unos 3.500 dólares americanos, de una meta de 7.000 que, de lograrse, permitirá que este par de seres tan trabajadores y tan humanos vuelvan a sonreír. Comparte esta emotiva historia.

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