Trump rompe el sueño de 6 jóvenes expertas en robótica solamente por ser afganas

Los niños y los jóvenes son las esperanza de la humanidad. Y cuando estos tienen sueños y los cumplen, los adultos nos alegramos enormemente al ver sus rostros iluminados, muchas veces nos dan lecciones y nos animan a perseguir nuestras metas también. Pero cuando un joven no consigue su sueño, viene la frustración y el desconsuelo.

Son los sentimientos que albergan el corazón de seis adolescentes afganas que tenían una sola ilusión: participar en un concurso internacional de robótica.

Esta oportunidad podría haber sido lo que necesitaban para impulsar sus carreras, dada la situación política y económica de su país de procedencia. Soñaron años con este momento, pero desafortunadamente se encontraron con el veto migratorio de Donald Trump.

RTVE

Inmersas en un país sacudido por la guerra y la discriminación de género, ellas formaron equipo en los institutos de Herat y, en contra de todos los esquemas sociales, decidieron presentarse al First Global Challenge, una competición tecnológica para estudiantes de todo el planeta.

El concurso se celebra en Washington y consiste en construir un robot que distribuya bolas. Un avance que hubiera signifcado mucho para el mundo de la tecnología, pero una prueba de ingenio que las autoridades de Estados Unidos no supieron valorar, o dieron más importancia a las diferencias políticas que permitir que un grupo de jóvenes explote sus capacidades.

No se ha publicado el verdadero motivo de la prohibición de la entrada a estas jóvenes. Y el silencio del Departamento de Estado deja mucho que desear. Pero no hace falta ninguna aclaración para darse cuenta que lo que hay detrás es desconfianza o la simple obediencia de un veto migratorio a seis países: Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen, y en el que a pesar que Afganistán no estaba incluido, somete a sus ciudadanos a controles ridículos.

Esto es una desilusión tremenda, son unas muchachas extraordinariamente valientes, ha manifestado el presidente del concurso,  Joe Sestak.

La primera señal de que las cosas no iban a marchar como se esperaban se dio cuando los materiales que había enviado la organización para construir el robot no les llegaron. Habían quedado retenidos en la frontera por miedo a un uso terrorista.

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Sin embargo, las jóvenes no se acobardaron y optaron por preparar el robot con elementos que tenían en casa.

Una vez que lo lograron, decidieron viajar a Kabul y solicitar el visado en la Embajada de Estados Unidos.

Para tal objetivo, tuvieron que recorrer un peligroso camino de 500 kilómetros, desde la ciudad de Herat. Y tras meses de una angustiosa espera, se llevaron una gran decepción: el visado les resultó denegado sin motivos explícitos.

Todos los países pueden participar en la competición, pero nosotras no podemos, así que es un insulto claro para el pueblo de Afganistán, dijo una de las participantes, Lida Aziz, de 17 años.

“Queremos desarrollar nuestra inteligencia y nuestra creatividad y, quizás, así poder revelar el genio que todas llevamos dentro. Esta oportunidad nos permite inventar, diseñar y crear cosas que pueden ser de ayuda para nuestra comunidad, para nuestras vidas y para nosotras”, explicaban las estudiantes en la web oficial de FIRST Global antes de saber que no podrían cumplir su sueño.

Según Roya Mahboob, la responsable del equipo, las chicas “lloraron durante todo el día” después de saber que no podrían viajar a Estados Unidos. El gran sueño por el que habían trabajado durante años y sobre el cual habían construido su futuro, se esfumaba en menos de nada.

First Global Challenge / Playground

Lo contradictorio del asunto es que al tratarse de un evento que da voz a países en vías de desarrollo, otros equipos de países cercanos sí consiguieron el visado, como es el caso de varios equipos de Sudán y otros de sirios refugiados.

La organización del evento finalmente decidió que las adolescentes pudieran enviar su proyecto y presenciar el evento a través de una videoconferencia.

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Nadie puede llegar a entender lo que sentirán esas pobres jóvenes en estos momentos: furia, frustración y desilusión. Todo por un veto migratorio y que por caprichos sin un real fundamento, se impide que las personas que realmente son un aporte positivo para la sociedad, no cumplan sus sueños.

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