Tras años siendo juzgada por la conducta de su hijo supo que una enfermedad causaba sus crisis

El amor de una madre está dispuesto a todo y más cuando se trata de un hijo con una condición especial.

Kate Denny, es una madre de 43 años, de Suffolk que se ha ocupado de su hijo Jaime, un niño de ocho años que padece un tipo raro de autismo.

Esta madre reveló que su hijo presentaba episodios de rabia desde que tenía seis meses que terminaban fuera de control y podían durar de tres minutos a tres horas.

Rompía los muebles, orinaba en la alfombra, destrozaba las macetas, mordía y pateaba a su mamá. Realmente podía llegar a destruir una habitación.

Sus reacciones desencadenaban comportamientos incontrolables. Eran situaciones realmente tensas que llegaron afectar su vida matrimonial.

Después de años de inexplicables episodios Jaime fue diagnosticado en el 2017 con Evitación Patológica de la Demanda (PDA), con síntomas que incluyen niveles extremos de ansiedad y alteraciones de comportamiento.

Kate decidió publicar su caso con la esperanza de aumentar la conciencia sobre esta condición. Ella dice que después de sus rabietas su hijo siempre tiene remordimiento.

“Solo quiero lo mejor para él. La gente necesita saber de qué se trata para que no juzguen a las familias como la nuestra y, en cambio, se muestren comprensivos”.

Desde que tenía cinco años, su madre recuerda la dificultad de vestirlo con su uniforme escolar.

«Un día le pedí que se pusiera los pantalones y él gritó, corrió por las escaleras y golpeó el puño en la barandilla. Cuando intenté detenerlo, me dio una patada en la pierna y siguió corriendo por la casa, gritando sin parar».

Kate comenzó a ver los distintos matices de la personalidad de su hijo y fue muy agotador como madre soltera combinar su trabajo de medio tiempo en el sistema de justicia juvenil con las necesidades de su hijo.

Su primer episodio representativo fue cuando solo tenía tres años, su madre había cerrado la puerta de la cocina y de repente comenzó a lanzar las sillas del comedor de roble en el suelo.

«Me sorprendió su fuerza y ​​traté de detenerlo, pero no pude».

No fue sino hasta cuando Jamie comenzó la escuela en septiembre de 2015 que se hizo evidente que no podía agarrar su lápiz correctamente, ni tampoco podía entender los sonidos de las letras.

Kate lo llevó al médico de cabecera, pero las citas con el especialista se retrasaron. En los meses siguientes su comportamiento empeoró en la escuela.

«Casi todos los días, mi corazón saltaba al ver el número de la escuela en la pantalla de mi teléfono móvil».

Kate desesperada decidió usar el dinero de la herencia y reservar una evaluación privada. Pagó miles de dólares para que ver al especialista que le diagnosticó PDA, una forma rara de autismo que significa evitar demandas o solicitudes, que a menudo desencadenan crisis psicóticas.

Kate admitió que no permite que Jamie organice reuniones por temor a que arruine los juegos de otros niños.

Tras el diagnóstico, Kate comenzó a comunicarse con su hijo de manera diferente con excelente resultado.

“Descubrí que las crisis de Jamie eran en realidad ataques de pánico. Y aprendí que, en lugar de disuadirlo, la respuesta era dirigirlo con calma hacia un comportamiento positivo«.

En marzo de 2018, a Jamie también se le diagnosticó TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y desde entonces toma medicamentos que lo ayudan a controlar su ansiedad e hiperactividad.

«Afortunadamente, sus episodios son cada vez menos frecuentes, pero he tenido que reemplazar seis televisores y algunas ventanas rotas».

Finalmente, Jaime comenzará en una escuela especial en septiembre, pero Kate dice que está nerviosa por las exigencias de la escuela.

Deseamos que esta nueva etapa escolar este llena de excelentes beneficios para Jaime y su madre. Comparte la historia que esta madre dio a conocer para ayudar a otras familias que pudieran estar pasando por lo mismo y se sienten juzgadas.

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