Sin Internet, ni teléfonos móviles reciben ayuda para poder estudiar a distancia

No podemos negar que la tecnología cada vez está más presente en la vida de muchas personas que parecen estar sumergidas en un mundo virtual, donde lo más importante es conquistar corazones, seguir patrones de moda e incluso, dejar de lado su verdadera personalidad.

Sin embargo, la realidad no es la misma para todos, hay quienes lejos de tener contacto con Internet o con algún dispositivo móvil, pasan sus días sacando el mayor provecho a pequeñas herramientas que ven como el único objeto que les garantizará un mejor futuro.

Muchos niños no pueden asistir a la escuela debido a los conflictos armados que enfrenta Mali.

En Malí, un país ubicado en África Occidental, miles de familias se han visto fuertemente afectadas debido a la crisis política y humanitaria que atraviesan.

La falta de acceso a servicios básicos como educación, salud vivienda y la actual pandemia debido al COVID-19 ha causado que muchos vean el desplazamiento como la única opción para sobrevivir y buscar una mejor calidad de vida.

Niños y jóvenes están motivados a seguir aprendiendo sin importar las condiciones.

El cierre de las escuelas es una realidad latente para todo el mundo, pero la verdad es que no todos tienen el privilegio de disfrutar de clases virtuales, algunas zonas más vulnerables económicas y socialmente permanecen incomunicadas, por lo que ofrecer clases en línea es un sueño lejos de alcanzar.

En Malí, el cierre de las escuelas ha sido definitivo por lo que UNICEF ejecutó un plan piloto que le permite a los jóvenes seguir formándose, hizo entrega de cientos de radio que funcionan con energía solar.

Algunos jóvenes se reúnen para escuchar las clases y hacer las tareas.

El objetivo de este proyecto no es solo combatir el cierre obligatorio de las escuelas debido a la pandemia, sino asegurarles educación a cientos de niños que no pueden desplazarse por los conflictos armados que enfrenta actualmente el país.

Privados de su libertad y seguridad la educación se convierte en su tabla de salvación, el mayor motivo que los impulsa a apostar por un futuro mejor.

Un portavoz de UNICEF va a la comunidad para comprobar que estén cumpliendo con las actividades y evaluar su progreso.

Las escuelas trasmiten los programas educativos en distintos horarios y de diferentes niveles, a pesar de no contar con personal docente que revise las tareas, los estudiantes siguen motivados a seguir aprendiendo.

UNICEF ha demostrado todo su interés por ofrecerles una mejor calidad educativa, por lo que periódicamente portavoces asisten a las clases de los estudiantes para verificar que están haciendo las tareas y confirmar que están teniendo un progreso.

Todos los estudiantes inscriptos en la escuela tienen su radio.

Entre los muchos niños beneficiados con este programa, se encuentran Aichata de 15 años y Makono de 13, ambos llegaron como desplazados a la región de Ségou, después de un tiempo se inscribieron a la escuela donde les proporcionaron las radios.

Desde que inició el programa Aichata jamás se ha perdido una lección, todos los miércoles y jueves sintoniza la radio por la noche. Al respecto comentó:

“Antes, no me gustaba la gramática porque no la entendía y me resultaba muy difícil. Pero ahora me las arreglo para sacar buenas notas. Una vez obtuve 8 de 10, ¡estaba muy orgullosa de mi misma!”.

Si bien es una realidad muy diferente a la que viven otros miles de estudiantes con sus clases virtuales en el resto del mundo, son muchos los niños y jóvenes de Malí que están aprovechando esta modalidad para seguir aprendiendo.

No olvidemos que la educación es un derecho y todos sin importar condición o clase merecen disfrutar este privilegio. Este proyecto nos recuerda que en un mundo de oportunidades todo es posible.

 Gracias a UNICEF por velar por  tantos niños y jóvenes vulnerables y acércalos un poco más a ese sueño que creían imposible de alcanzar. El conocimiento es poder ¡Comparte!

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