Sandra Bullock desenmascara el por qué deberíamos dejar de decir “niños adoptados”

¿Te parece familiar en una conversación habitual escuchar a unos padres referirse a su último hijo como el “bebé no planeado con el que nos olvidamos usar protección”? ¿Qué hay del “bebé con el que se necesitó mucha ayuda de los médicos para que pudiera ser concebido”?

La realidad es que nadie habla así… Para todos los padres, sus hijos son sus hijos, independientemente de cómo se hayan finalmente convertido en parte de la familia. ¿Pero por qué a menudo olvidamos aplicar ese razonamiento con los niños que han sido adoptados?

Es la pregunta que martillea constantemente la cabeza de la reconocida actriz Sandra Bullock, y en una reciente entrevista se ha atrevido a desenmascarar la realidad a la que se enfrentan los padres que no han podido traer al mundo a bebés de manera natural. Y ha querido plantear una crítica reflexión al respecto.

La verdad es que Sandra Bullock sabe de sobra lo que significa engendrar por el amor. Ella tiene dos hijos: Louis de 8 años y Laila de 5 años.

“Louis es el supersensible. Lo llamo mi hijo de 78 años. Y Laila es francamente valiente. Es una luchadora, y esa es la razón por la que está aquí hoy. Luchaba por mantener su espíritu intacto”.

Bullock adoptó a Louis en 2010 y a Laila, que había estado en un hogar de crianza, en 2015. Aunque en un principio, trató de mantener la noticia de la adopción de sus hijos totalmente aislada de los paparazzis, fue inevitable que el mundo supiera de su valiente acto de amor.

Cuando habla de por qué decidió adoptar, declara:

“No me hablen sobre lo que puedo o no puedo hacer con mi cuerpo hasta que haya cuidado a todos los niños que no tienen un hogar o que los descuidan o los maltratan”.

Y, aunque la realidad de la adopción es un tabú ante el cual muchas parejas impedidas de procrear se han enfrentado, en ciertos entornos ha sido una práctica más extendida, al menos más que años atrás. Pero eso no quiere decir que las sociedades hayan dado el paso evolutivo necesario para convivir con hogares de hijos adoptados, y es lo que Bullock cuestiona seriamente:

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¿Por qué sentimos que es necesario usar el término “niño adoptado”? Se me llenan los ojos de lágrimas… ¿Por qué no referirnos a estos niños como ‘nuestros hijos’?

“Los padres que han adoptado deben ya de una vez por todas dejar de decir ‘mi hijo adoptivo’. ¿Acaso alguien dice ‘mi hijo FIV’, o ‘mierda, fui a un bar y me pilló desprevenido’? Vamos a llamarlos simplemente ‘nuestros hijos'”.

Escuchar llamar a los hijos como “niños adoptados”, como si fuera crucial calificar a un niño como tal, puede ser una manera dolorosa de sugerir, aunque sea de manera no intencional, que de alguna manera son menos que si hubieran sido concebidos por los padres.

En relación a este delicado tema, la escritora Laura Willard ya había sugerido en 2015 extremar el cuidado en el lenguaje al hablar con padres que adoptan niños, ya que podría marcar la diferencia en la manera en la que enfrentan ellos personalmente el proceso de adopción, y cómo lo trasladan a sus “hijos adoptados”.

Por ejemplo, “no les preguntes si planean “tener hijos propios”… Sus hijos son suyos y punto”, dice la escritora.

Tal vez para los padres pueda ser un mero juego de palabras, pero para los niños que están empezando a desarrollar el vínculo con sus nuevos padres, especialmente cuando antes han estado en hogares de acogida, esas palabras son fundamentales.

Por su parte, Bullock dice que “las familias no están hechas con cortadores de galletas, después de todo. Vienen en todos los tamaños, colores, edades y géneros, y ninguna construcción es más legítima que cualquier otra”.

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Es importante, por tanto, que el lenguaje que usamos reconozca esta realidad tan diversa.

“Si un hogar tradicional con “hijos propios” está lleno de chistes de amor y pañales cagados, en el que no se duerme, hay agendas repletas más de eventos sociales para niños que para adultos, y muchas peleas sobre el mando de la TV sobre “el primero que lo coje, lo tiene”… entonces tengo una familia muy tradicional”.

Es una reflexión muy real que toda sociedad debería llevar a la práctica. En la medida en que la adopción se conciba como un camino más, tan legítimo como cualquier otro, para cumplir una realización personal: formar un hogar y ser feliz, entonces habrá hogares más estables, parejas que se aman más, hijos más seguros, convencidos que nacieron como fruto del amor, en el seno de una familia como cualquier otra.

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