¿Por qué son tan importantes “los pequeños placeres” de la vida?

Aún cuando todo parece ir muy mal, los pequeños placeres permanecen. Las pequeñas cosas que vivimos el tiempo no las olvida, nunca las dejamos atrás. Como una persona que ha tenido que lidiar con la depresión durante una parte importante de mi vida adulta, aprendí que recurrir a esas pequeñas alegrías, esas pequeñas cosas que nos dan un delicado sentimiento de bienestar son una clave para nunca permitir que la tristeza nos agobie.

Hoy por hoy, cuando estoy teniendo un mal día pienso:

¿Qué me podría dar un poquito de alegría en este preciso momento?

Trato de enfocarme en buscar respuestas en algo que tenga accesible y a la mano. De nada sirve pensar “unos cuantos millones de euros me vendrían bien,” pues no están accesibles y eso tendría el efecto contrario.

Sin embargo “algo de dulce y un café” son pequeñas cosas a las que siempre puedo recurrir.

Mi mente inmediatamente se imagina muy detalladamente una deliciosa y fina barra de chocolate amargo (qué puedo decir, soy “fan” :wink:) pero también puede ser un plato de cereal con miel y pasas, galletas con mermelada, una lectura estimulante, fotografías inspiradoras y por supuesto algo de música; cualquier cosa que me de una pausa, un respiro y un poco de ánimo.

Hay muchas cosas pequeñas que nos traen alegrías inmediatas.

  • Una flor, un beso, un adiós
  • Simplemente recordar
  • Un buen baño
  • Un día entero sin compromisos
  • Pasta
  • Manejar solo por la noche
  • Abrir los ojos a un nuevo día
  • Mirar la tierra desde lo alto
  • Jugar y actuar como niños por un rato
  • Un amigo que comprenda
  • Ir a un lugar completamente nuevo
  • Un libro que “no puedes soltar”
  • Música, arte y papas fritas 🙂
  • Sentir el sol en la piel
  • Coquetear
  • Ropa nueva. (así sea solo un par de medias)
  • Ver la luna
  • Escribir lo que sientes
  • Hablar con un niño
  • Un sueño profundo y reparador
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Pero, ¿Por qué son tan importantes las pequeñas cosas?

Un artículo de The Book of Life que leí recientemente me hizo pensar mucho en ello; y es que, considerando el estado del mundo actual, la felicidad parece ser cada vez más difícil de definir y de alcanzar.

Sin embargo hay algunos, pocos y bendecidos que parecen ser felices aún entre los más hostiles de los entornos.

Felicidad en lo común

Tenemos una tendencia a ver las cosas cotidianas como aburridas en comparación con aquellas cosas exóticas y difíciles de encontrar. Pero algo solo es, “exótico” hasta que lo percibimos como conocido, entonces pierde ese estatus; y tal vez se podría reconsiderar el valor de las cosas; no por su rareza sino por lo que significan para cada uno. Por ejemplo, durante los siglos del comercio de especias estas eran apreciadas como algo muy valioso.

Hoy en día no pensarías que la pimienta, la canela, el clavo o el aloe son un tesoro valorado por miles pues con tan solo ir al super las consigues.

 

Felicidad en lo asequible

Gustos finos son gustos caros, o por lo menos eso es lo que tendemos a pensar. Históricamente, la piña era considerada un fruto para ricos, ya que debido a las dificultades de abastecimiento y transporte, únicamente aquellos que tenían dinero podían comprar ese raro y exótico fruto. Sin embargo a comienzos del siglo XX las compañías estadounidenses comenzaron a producir piñas a gran escala y desde entonces la fruta se volvió más asequible.

Hoy en día, sigue siendo una exquisita fruta pero nadie la consideraría una “exquisitez”.

Sin embargo, para una persona que llegue a casa muerta de hambre puede haber mayor felicidad en un plato de huevos fritos con tostadas y crema que en unos canapés de caviar.

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Si bien es cierto que hay momentos en los que disfrutamos darnos un gusto, estos son más bien esporádicos ante aquellos que encontramos más accesibles.

Felicidad en lo desconocido

Ese lugarcito del que nadie sabe y donde puedes deleitar lo que para ti son los mejores platillos de la zona puede ser una mayor fuente de felicidad que un afamado restaurante de 5 estrellas.

Tendemos a asumir que ir de compras por una bufanda en la mejor Boutique de la ciudad será más satisfactorio que obtenerla en algún mercadillo local.

La primera es más reconocida pero solo por eso ¿será más hermosa, te quedará mejor?

Banksy, el célebre artista vendió por unos cuantos dólares sus obras en la calle a personas que nunca se dieron cuenta de que en realidad estaban valoradas por miles.

Felicidad en lo pequeño

Tendemos a enfocarnos en los grandes hitos de la vida que han de traer felicidad: mudarse solo, graduarse, viajes, comprar tu primera casa, tu primer carro… Esto está bien, son necesarias las metas y motivaciones, pero no por ello debemos despreciar aquello que tenemos disponible, los pequeños éxitos, los logros cotidianos.

Un paseo al parque puede ser tan importante en un momento determinado que planear unas grandes vacaciones en el Caribe.

¿Cómo responderías ante alguien que te dice que lo mejor de su fin de semana fue los 5 minutos que pasó en su jardín observando las nubes con admiración?

¿Crees que observar algunas flores silvestres se puede comparar ante presenciar las obras maestras en las galerías?

La paradoja surge cuando, contrario a todo lo que solemos pensar el placer y la felicidad nos evaden aún en los momentos que suponemos debería llenarnos más de alegría. Las grandes bondades de un viaje a París pueden verse opacadas por una discusión sobre como pronunciar una palabra en francés. Mientras que un viaje a la pastelería local puede resultar extremadamente satisfactorio.

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El placer es supremamente vulnerable a los vaivenes emocionales, enfados y al mal humor.


No hay forma de empaquetar la felicidad. No se puede programar para las fechas especiales. Y por más insignificante que parezcan: comer una fruta, susurrar entre las sábanas en la oscuridad, hablar con un abuelo o ver fotos de tu infancia; estas actividades pueden ser las experiencias más conmovedoras y gratificantes que podemos tener.

El mundo injustamente deja de lado muchas cosas por considerarlas insignificantes, menores. No se dan cuenta que un placer pequeño es una gran alegría en espera.

Valorar los placeres pequeños es confiar más en nuestras propias respuestas, no podemos esperar a que todo lo que nos guste sea aprobado por las mayorías.

Vivimos en una lucha y esfuerzo constante por obtener lo que deseamos. Para mejorar nuestras relaciones, trabajo y vida personal vivimos una incansable búsqueda de lo mejor. Nada dura para siempre, pero si sólo nos enfocamos en niveles de excelencia inalcanzable nos olvidamos de los placeres y alegrías más modestos. Aquello cercano a nuestro corazón es precisamente lo que hace la felicidad en el día a día.

Un mensaje de tus amigos siempre es una pequeña alegría, ¡comparte con ellos estos secretos de felicidad!

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