Pensó que a su hijo le había picado una avispa pero su piel comenzó a ponerse azul

Elisabeth Nordgarden es una amorosa madre y para ella no hay nada más importante que el bienestar de su hijo. Uno de sus pasatiempos es aprovechar los días soleados para jugar en el jardín y disfrutar del aire libre. Nunca imaginó que algo tan sencillo como esto terminaría dejando en riesgo la vida del pequeño.

Kristoffer apenas tiene tres años de edad.

En una ocasión, Kristoffer decidió explorar por el jardín pero algo salió mal. Elisabeth conocía muy bien el lugar.

Sabía que no había vidrios rotos y que el terreno era estable así que dejó al pequeño ir descalzo. Después de unos minutos, Kristoffer comenzó a llorar y acudió a los brazos de su madre.

La familia vive en una zona rural de Noruega.

Al principio parecía que no había sucedido nada grave. El niño sólo se veía muy incómodo y no había más síntomas. Elisabeth pensó que no sería nada grave, pero de todos modos se mantuvo observándolo atentamente. Sin embargo, el malestar del pequeño no hizo más que aumentar.

Elisabeth pensó en primer lugar que se trataría de una picada de avispa.

Siguió llorando desconsoladamente y su madre no tardó en comprender que la situación era mucho más grave de lo que creía.

Era hora de llamar una ambulancia. Los paramédicos llegaron de inmediato y atendieron al bebé. En cuanto vieron la picada que tenía en el pie, sospecharon que se trataba de una serpiente víbora.

Los paramédicos acudieron en helicóptero a socorrer al pequeño.

Kristoffer había sido herido por un animal venenoso y siendo tan joven su vida se encontraba bajo un enorme peligro. Una vez que llegó al hospital le inyectaron el antídoto y por unos minutos pareció calmarse. Lamentablemente, todavía faltaba mucho para que se terminara esta pesadilla.

“Siento mucho más respeto por las víboras. Tenemos que cuidar a los niños si se encuentran jugando en el césped”.

El hematoma se extendió por todo su cuerpo. Comenzó a tener extrañas manchas azules en todos lados y los médicos descubrieron que sus intestinos presentaban sangrado interno. El veneno estaba haciendo mucho daño a pesar de que lo habían tratado a tiempo.

Kristoffer permaneció internado en el hospital durante dos semanas antes de que le dieran de alta.

Finalmente, el pequeño se encuentra a salvo. Ahora, su madre se encuentra realmente aliviada y ha comenzado a tomar medidas de seguridad.

Estuvo a punto de perder a su pequeño así que ha decidido compartir lo sucedido para que nadie más tenga que pasar por una experiencia tan aterradora.

Kristoffer perdió cinco kilos durante su tratamiento.

Es de vital importancia que los bebés utilicen botas y pantalones largos para estar protegidos cuando se encuentren en la naturaleza.

No dudes en compartir este caso para dar a conocer estas importantes medidas de seguridad que podrían salvar la vida de alguien.