No puede orinar normalmente desde hace 2 años porque los músculos de su vejiga se cerraron

Zoe McKenzie, de 27 años, es instructora de pilates en Sydney, se ha mantenido siempre en forma. En el año 2016 presentó síntomas parecidos a la cistitis, cada vez orinaba con menos frecuencia.

Además, Zoe tiene Lupus. Cuando presentó molestias al orinar, inicialmente su médico de cabecera pensó que tenía cistitis, la inflamación de la vejiga cuando se produce una infección, pero las pruebas resultaron negativas.

Apenas hacía 300 ml de orine diariamente, una cantidad muy por debajo de los 800 a 2.000 ml que se consideran normales.

Cuando su condición de salud empeoró, regresó al Reino Unido, su país de origen. Abandonó Australia y renunció a su trabajo como instructora de pilates y fisioterapeuta.

Volvió a casa con Dejan Stojadinovic, de 29 años, a quien conoció en Sydney y con quien mantiene una relación amorosa.

Cuando llegó al Reino Unido se sometió a una prueba de urodinámica en el Hospital Addenbrookes de Cambridge para evaluar la vejiga, los músculos y cómo la uretra retiene y libera la orina.

En ese entonces, en abril de 2017, los médicos detectaron la anomalía en su esfínter uretral.

Más de un año después de presentar los primeros indicios, Zoe fue diagnosticada con el síndrome de Fowler, que se produce cuando los músculos que previenen la incontinencia no se relajan al orinar.

La joven tiene un catéter que ha usado desde su diagnóstico, asegura que siente ganas de orinar con tanta urgencia que incluso termina con náuseas.

La vida le cambió por completo, ahora necesita orinar con mucha frecuencia, en la playa mostró cómo llevó consigo un monitor cardíaco usado para sus evaluaciones médicas.

Relató que es duro vivir con su condición. “Es como si los músculos de mi vejiga se estuvieran cerrando. Estaba reteniendo todo ese orine en mi cuerpo. Al principio, a veces podía orinar unas gotas, 300 ml cada día, pero cada vez que mi vejiga se llenaba, los músculos simplemente se cerraban, como si alguien cerrara un grifo”.

Zoe dijo que su condición es muy rara y despierta mucha curiosidad en la gente. “Es una sensación de querer siempre ir a orinar con desespero, sentir náuseas y no poder orinar”, agregó.

Tenía infecciones de repetición en la vejiga, pero también tenía síntomas similares a los de una gripe. Tenía un dolor casi constante ya que mi vejiga se contraía”, relató la joven.

Desde que le diagnosticaron el síndrome de Fowler, no ha podido orinar normalmente. Tiene un catéter insertado en la vejiga que recoge la orina en una bolsa fuera de su cuerpo.

La joven permanece en una lista de espera para recibir un modulador del nervio sacro que a través de pequeños estímulos eléctricos corrige los mensajes que circulan por las vías nerviosas. Eso reduciría su incontinencia y su dolor pélvico.

Desde hace tres años Zoe no ha podido trabajar, lucha con romper los estereotipos sobre el uso del catéter, que puede afectar la vida del paciente en todos los ámbitos.

Creó una página web con el objetivo de que el ejercicio sea más inclusivo para las personas discapacitadas.

Zoe tiene una tarjeta que la acredita como discapacitada porque no puede esperar para ir al baño. Invita a las personas a ser más comprensivas y pensar más allá antes de juzgar al otro que puede padecer una enfermedad invisible.

Vale la pena compartir su testimonio para promover la igualdad y tolerancia. Además, es importante conocer los síntomas de esta condición para favorecer un diagnóstico a tiempo.

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