Deportista de élite no prestó atención a un dolor en la pierna y resultó ser un raro cáncer

Jamie Whitmore, a sus 43 años de edad, es la mayor vencedora de la historia del circuito de triatlón X Tierra en Estados Unidos. Con 37 victorias, 6 títulos nacionales y un Mundial, creció con la idea de que sería exitosa en los deportes. A los cinco años, comenzó a nadar. Después, practicó softball y voleibol, antes de descubrir la pasión por el ciclismo MTB y de pista, que practica hoy.

Habiendo llegado a cumplir su sueño de convertirse en una deportista de élite, jamás imaginó que un molestoso dolor en su pierna sería el principio de su mayor prueba.

La vida de Jamie cambió radicalmente en una triatlón.

“Salí del agua y me subí a mi bicicleta y algo se apagó con mi pierna izquierda… Una vez que me bajé de la bicicleta, comencé a correr, pero fue difícil levantar mis piernas. Sabía que algo no estaba bien”, dijo Jamie.

Fue ahí cuando empezaron los síntomas de lo que sería el más raro tipo de cáncer llamado sarcoma de células fusiformes.

Dicho cáncer se origina cuando las células comienzan a crecer sin control, de modo que casi cualquier célula del cuerpo puede convertirse en cáncer y propagarse a otras áreas. Se origina en tejidos como los huesos o los músculos, y la mayoría de estos se originan en los brazos o en las piernas. Además, se pueden encontrar en el tronco, la cabeza y el área del cuello, y los órganos internos.

Este sarcoma sólo representa del 2 al 5 por ciento de todos los cánceres de huesos.

Jamie tenía 31 años en el momento del malestar, y lo que hizo fue reducir su actividad durante la competencia; sin embargo, siguió montando bicicleta y nadó, pensando que el dolor se debía a que su músculo había trabajado en exceso.

“No tuve ningún síntoma mientras no estaba corriendo. Tomé un descanso, pero cada vez que lo intentaba, los músculos estaban muy tensos y tenía mucho dolor”, explica.

Pero no fue hasta una noche después de varios días de la competencia, que en Arizona supo que algo andaba muy mal. “No podía dormir, y estaba teniendo mucho dolor en el nervio ciático”. A la mañana siguiente el dolor sólo iba en aumento.

“Sentí tanto dolor que estaba llorando. Regresé a casa para ir a un hospital cercano. Sabía que todo lo que estaba pasando era malo si no podía andar en mi bicicleta”.


Jamás imaginó que lo que tenía sería un cáncer, pero los médicos hallaron un tumor cerca de su ovario del tamaño de una toronja. Su asombro fue mayor cuando al intentar tomar una muestra, descubrieron que había tomado sus órganos principales y el nervio ciático.

Jamie empezó a vivir un calvario en vida.

“No podía usar el baño sin dolor, estaba en cama, incapaz de caminar. Nadie podía decirme exactamente qué estaba mal”.

Fue en la Universidad de California en San Francisco, donde finalmente acertaron con el sarcoma de células fusiformes, que estaba envuelto alrededor de su nervio ciático y tocando varios de sus órganos vitales. Tratar de extirparlo era totalmente peligroso.

Cuando le comunicaron el resultado, Jamie cuenta que perdió la respiración.

“Hablaban sobre el tratamiento y yo simplemente comencé a llorar y dije ‘no quiero morir'”.

Los médicos finalmente accedieron a extirparle el tumor, pero con la ayuda de un equipo de especialistas.

“No tenía idea de que cuando me despertara ya no tendría que usar mi pierna desde la rodilla hacia abajo. Cuando me dijeron que tendría que vendarme el pie para caminar, pensé ‘esto no puede estar sucediendo. Soy un atleta profesional'”.

Jamie terminó con un pie caído y tuvo que aprender a caminar nuevamente con la ayuda de un fisioterapeuta, mientras recibía radioterapia. Cuando parecía que el tratamiento estaba haciendo efecto, sin embargo el cáncer regresó con más fuerza que nunca.

“Esta vez fue aún más agresivo. Me quitaron el resto de mi nervio ciático”.

Cuando por fin parecía declararse vencedora de esta batalla a brazo partido en contra del cáncer, otra noticia inesperada la desconcertó por completo: estaba embarazada de mellizos.


Ahora, casi 10 años después de la devastadora noticia del sarcoma, Jamie es madre de dos niños y está libre totalmente del cáncer. Regresó a competir e incluso ese regreso supuso para ella el mayor reto de su vida, más que todas las competencias a las que se había enfrentado.

Tras su recuperación ganó una medalla de oro en los Juegos Paralímpicos y nueve títulos mundiales, por lo que ahora es inspiración para muchos.

“Nunca permitas que nadie te diga lo que puedes y no puedes hacer. Tienes que averiguarlo por ti mismo. Algunos médicos me dijeron que nunca más montaría una bicicleta y, sin embargo, monté mi bicicleta de montaña de 2700 a 4.200 metros Las personas con dos buenas piernas no lo han logrado. Simplemente no puedes rendirte”.

“¡Es una locura pensar que hace 10 años, un día como hoy me autotransplanté mi riñón izquierdo! ¡Después de las cirugías de cáncer y la radiación, mi riñón ya no podía drenar y me provocó una sepsis! Tuve suerte. . . de tantas maneras !! Estoy muy agradecida con Dios por ayudarme a pasar por momentos increíblemente difíciles. ¡Ha sido mi roca! Y mi riñón todavía está fuerte, ¡simplemente no hay deportes de contacto para mí!”, concluyó Jamie en una reciente publicación.

No te vayas sin compartir este impactante testimonio que puede servir de advertencia para muchos.

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