Denuncia su indignación después de que una mujer la acusara a gritos de «propagar gérmenes»

La todavía crisis del coronavirus ciertamente tiene a muchos con los nervios de punta. Pero sin duda, los que se llevan la peor parte son los sanitarios y personal que cuida a enfermos.

Aunque la mayoría de personas se muestran solidarios con estos héroes, en ocasiones hay ciertos «personajes», que sin una pizca de sensibilidad ni consideración, no sólo que no reconocen su ardua labor, sino que los ofenden, denigran e insultan, hasta hacerlos romper a llorar.

Kimberly Simpson es una cuidadora de enfermos, de Burton-upon-Trent, en Staffordshire, Inglaterra.

El pasado 25 de mayo, acudió en uniforme a hacer unas compras en el supermercado B&M. Nunca imaginó que la pequeña imprudencia de haber ido con su ropa de trabajo, le costaría que la humillaran en público de la peor forma.

Fue sorprendida por otra mujer, que tuvo la osadía de perseguirle con el carro de la compra y gritarle durante 10 minutos, acusándola de estar «propagando gérmenes», cuando ni siquiera ella misma llevaba guantes o mascarilla.

“Sé que soy una llorona fea, pero esta señora acaba de seguirme gritándome que no puedo entrar en la tienda porque llevo uniforme”, denunció Kimberly en sus redes.

“Aparentemente no se me permite comprar artículos no esenciales. ¿Cómo sabe ella que no estoy haciendo las compras de un cliente?”, continuó.

La cuidadora, en medio de la indignación por los insultos, sacó la cámara para tener la prueba del enfrentamiento y lo difundió en las redes, causando un polémico debate.

La señora la amenazó con avisar del comportamiento de Kimberly a su jefe, después de que le dijera que independientemente de COVID-19, al entrar en uniforme a un supermercado después de estar en contacto con cualquier enfermo, podría contaminar a los demás.

Probablemente, la señora tuviera razón de que no fue lo más acertado que Kimberly acudiera en uniforme. 

Sin embargo, según la guía de los empleadores del NHS de Inglaterra, “no hay evidencia de que el uso de uniformes fuera del trabajo aumente los riesgos de infección”.

Aunque menciona que “las actitudes del público indican que es una buena práctica que el personal se cambie en el trabajo o se cubra los uniformes al ir y volver del trabajo”.

Pero muy aparte de esta consideración, hay formas y formas de decir las cosas, y por supuesto que insultos, amenazas y gritos, nadie merece.

«Eres absolutamente ridícula, no deberías haberte acercado a mí de forma tan agresiva diciendo que estoy propagando gérmenes cuando no los estoy propagando”, le respondió Kimberly a la mujer en el video.

Sin embargo, la compradora insistió en su intransigente postura… «Y todavía sigues propagando gérmenes», agregó la airada señora.

Kimberly no pudo más de la impotencia, rompió a llorar y publicó su frustración en Facebook

Después anunció que había hablado con su jefe y que le dijo que no había hecho nada incorrecto.

“Hemos trabajado tan duro, ningún cliente tiene COVID, así que claramente estamos haciendo algo bien”, escribió.

Kimberly, además se sintió frustrada porque nadie a su alrededor la apoyó, excepto una pareja polaca que se acercó sólo para decirle que no llorara.

Este es el momento del altercado que ya acumula 2 millones de reproducciones:

Las muestras de apoyo a Kimberly no han parado.

“¿Cómo sabe la compradora si esta cuidadora ha empezado su día y ha estado cerca de algún paciente? Su uniforme podría haber estado limpio antes de entrar en la tienda… Yo no lloraría, estaría furiosa”, dijo una persona.

“Piensa que muchos no se dan cuenta de lo mucho que los trabajadores clave están haciendo por el país. Al final del día, estamos trabajando cuando otros no lo hacen. La mujer que le grita no tiene ni idea de lo difícil que es estar en primera línea en estos momentos”, dijo otro.

Es realmente lamentable que algunas personas no tengan la más mínima muestra de compasión en situaciones límite como las que estamos viviendo. Comparte esta noticia para levantar la voz, qué triste que haya corazones tan oscuros que no miden lo que pueden causar con sus palabras.

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