El Papa Francisco contradice a los Papas anteriores sobre la inmigración y el aborto

El Papa Francisco el día de ayer publicó un comunicado en el que condenó a quienes creen que el aborto es un problema tan importante como la migración.

“Algunos católicos consideran la inmigración como un problema secundario respecto a los graves cuestionamientos bioéticos, “que un político que busca votos pueda decir que ese planteamiento es algo comprensible está bien, pero no cristiano”.

Asimismo, denunció el “error ideológico dañino” de aquellos de subestiman la importancia del “compromiso social de los demás” así como en la inmigración o la ayuda a los más desfavorecidos.

Condenó a aquellos que relativizan esos temas como si hubiese otros asuntos más importantes, o como si lo único que tiene valor es un tema o causa particular que ellos defienden.

“La defensa de los miembros de la Iglesia sobre los inocentes por nacer, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada pero no debe reemplazar la defensa de los pobres o de los inmigrantes”.

Su posición es diferente a la del Papa Benedicto XVI quien comentó en 2006 a los miembros del Partido Popular Europeo que el foco principal de la intervención de la Iglesia Católica en el ámbito político se dirige principalmente a proteger y promocionar la dignidad de la persona, y atender a los principios que son innegociables.

Entre esos, la protección de la vida en todas las etapas, incluso desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, el reconocimiento de la estructura natural de la familia como la unión de un hombre y una mujer basada en el matrimonio, defendiéndola ante los intentos de legalizar otros tipos de unión. Además, la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.

En 1988, en su exhortación apostólica, el Papa San Juan Pablo II escribió que la vocación y misión de los fieles laicos en la Iglesia y el resto del mundo era defender la inviolabilidad de la vida humana, sobre todo, la protesta en común que se hace a favor de los derechos humanos, como, por ejemplo, el derecho a la salud, a la vivienda, al trabajo, a la familia, a la cultura. “Es falso e ilusorio si el derecho a la vida, el derecho más básico y fundamental y la condición de todos los demás derechos personales no se defiende con determinación”.

En los párrafos 101 y 102 de la exhortación del Papa Francisco reza lo siguiente:

“101. El otro error ideológico dañino se halla en aquellos que encuentran sospechoso el compromiso social de otros, viéndolo como superficial, mundano, secular, materialista, comunista o populista. O lo relativizan, como si hubiera otros asuntos más importantes, o lo único que vale es un tema o causa ética particular defendida por ellos.

Nuestra defensa del inocente no nacido necesita ser clara, firme y apasionada, porque está en juego la dignidad de una vida humana, que siempre es sagrada y exige amor para cada persona, independientemente de su etapa de desarrollo.

Asimismo, es sagrada la vida de los pobres, los que nacieron, los indigentes, los abandonados y los desfavorecidos, los enfermos vulnerables y los ancianos expuestos a la eutanasia encubierta, las víctimas de la trata de personas, las nuevas formas de esclavitud, y discriminación.

No se puede tener un ideal de santidad que ignore la injusticia en un mundo donde algunos disfrutan con placer, y viven solo para disfrutar los últimos bienes de consumo incluso cuando otros miran desde lejos viviendo toda su vida en la más absoluta pobreza.

102.- Con frecuencia escuchamos decir que, con respecto al relativismo y los problemas del mundo actual, que la situación de los inmigrantes es un problema menor.

Algunos católicos lo consideran un problema secundario en comparación con problemas bioéticos “graves”. Que un político que busca votos podría decir que es comprensible pero no cristiano, para quien la única actitud adecuada es ponerse en la piel de algunos hermanos y hermanas nuestros que ponen su vida en peligro para ofrecerles un futuro a sus hijos. ¿No podemos darnos cuenta de que esto es exactamente lo que Jesús exige de nosotros, cuando nos dice que al darle la bienvenida al extraño le damos la bienvenida (Mt 25:35)”

lifesitenews

San Benito lo hizo tan fácilmente y aunque pudo haber “complicado” la vida de sus monjes, ordenó que todos los invitados que tocaban la puerta del monasterio fueran recibidos”, tal como Cristo, como un gesto de veneración”.

¿Qué opinas? ¡Comparte la noticia en tus redes!

Te recomendamos