Un humilde padre se ve obligado a permanecer 7 horas en un parque para sus hijos puedan estudiar

A un padre de familia lo que más le gustaría es poder darle más de lo necesario a sus hijos. Sin embargo, esto no es posible en estos tiempos de escasez donde muchas personas tienen que medir y limitar muy bien sus gastos para garantizar el alimento diario a su familia.

Esta es la historia de un padre de familia que, por escasez de dispositivos electrónicos en su hogar, acude con sus hijos todos los días a un parque que les ofrece dispositivos con conexión a Internet donde pueden realizar exitosamente sus actividades escolares.

En Venustiano Carranza, México, vive Jair; un arquitecto que desde que comenzó la pandemia ha tenido que trabajar desde casa. Además de arquitecto es un admirable padre que desde muy tempranas horas adelanta parte de su trabajo hasta que llega el momento de preparar el desayuno de sus hijos y realizar los quehaceres del hogar.

Mientras su esposa trabaja la mayor parte del día, él se encarga de cuidar a sus hijos y asegurarse de que tomen sus clases virtuales y cumplan con sus tareas escolares.

Debido a que su hogar sólo cuenta con un ordenador que no es suficiente para las sesiones escolares de sus 3 hijos; Italia, Santiago y Sebastián y no puede costear más dispositivos electrónicos, acude todos los días desde las 10 de la mañana al parque de su localidad.

En este parque se le ofrece un dispositivo con conexión a Internet a cada uno de sus hijos para que puedan asistir a sus clases virtuales y realizar sus tareas. Incluso se ofrecen escaneos e impresiones gratuitos que el padre agradece mucho.

“Hemos estado viniendo diariamente por el internet y las impresiones que es lo que más me ayuda para hacer los trabajos de mis hijos. En casa sólo tenemos un ordenador y a veces se nos juntan las videollamadas y no tengo forma de resolverlo; o toma la clase uno u otro, además de que las impresiones y escaneos son caros”, mencionó Jair.

Los niños junto a su dedicado padre, permanecen en el parque hasta las 2 de la tarde en un estudio constante. Dado que el lugar es desinfectado de 2 a tres, tienen una hora para relajarse y despejar su mente un poco.

Vuelven a las 4 de la tarde para finalizar las tareas. Una vez los niños terminan sus deberes, vuelven a su entrañable casa a comer y disfrutar lo que queda del día mientras su padre vuelve al trabajo.

“En cuanto salimos y acabamos, pues ahora sí que a comer y después a disfrutar lo que queda de la tarde, y yo pues a trabajar”, añadió el hombre.

Sin duda, la rutina diaria de un padre que hace todo lo posible para facilitar a sus hijos la oportunidad de realizar sus actividades escolares y acompañarlos en el proceso es admirable. Esperemos que muchos sean los padres que, como Jair, no permitan que la crisis les impida buscar oportunidades a su alrededor y puedan ver siempre por el futuro de sus hijos.

No olvides compartir esta inspiradora historia con todos tus amigos y no olvides que la dedicación y amor de un padre a sus hijos no conoce límites.

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