Un humilde carpintero construye casitas térmicas de mil dólares para ayudar a otros

Desde su conformación, el ser humano ha desarrollado valores como la solidaridad. El mostrarse al servicio de los demás es una de las bases de nuestra evolución, y lo que es más importante, de nuestra supervivencia.

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Quizás, si muchos de nosotros no hubiésemos experimentado la ayuda desinteresada del prójimo, tal vez no estuviéramos escribiendo o leyendo esta historia. Todos hemos necesitado, necesitamos o necesitaremos solidaridad en algún momento.

Para las personas que viven en las calles, el invierno que se cierne en muchos países cada año es un período crítico. Consciente de ello, el joven carpintero Khaleel Seivwright, de 28 años de edad, quería brindarles a los más desposeídos un poco más de seguridad y confort.

Seivwright es oriundo de la ciudad de Toronto, Canadá. Se ha dedicado en los últimos meses a construir cabañas móviles para que sirvan de refugio temporal a las personas sin hogar hasta que pase el invierno. Tarda unas ocho horas en edificarlas y cuestan unos mil dólares canadienses.

Aunque el costo pudiera parecernos un poco alto, no nos adelantemos. Lo más maravilloso del asunto es que Khaleel ha dicho que estará feliz de regalar su obra a los más necesitados.

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“Nunca había visto tanta gente deambulando y viviendo en parques y plazas públicas, y esto es algo que puedo hacer para asegurarme de que sobrevivan al inclemente clima frío. Es algo que podría ser útil, puesto que hay mucha gente alojada en tiendas de campaña”, declaró Khaleel.

Pero, además, este hombre tuvo el buen tino y la minuciosidad para construir las cabañas con materiales capaces de mantener un clima cálido dentro de las construcciones, para mantener lo más cómodos posible a los residentes. Incluso en temperaturas extremadamente bajas, como los -20 ℃ esperados para este año en Canadá.

Khaleel Seivwright trabajando en uno de los refugios para indigentes

Para hacer realidad la idea, Khaleel creó una campaña a través de sus cuentas en las redes sociales, que recaudó más de 100 mil dólares para construir las primeras cabañas.

“Gracias a todos lo que han prestado sus oídos y mirado con buenos ojos esta iniciativa en nombre de los que más lo necesitan”, escribió este humilde carpintero en su publicación.

Podemos ser solidarios con pequeños gestos: con una sonrisa simple, un favor, ceder el asiento en el autobús, invitar a comer a alguien necesitado, colaborando de forma altruista en la realización de un proyecto, tal como el de Khaleel de regalar su precioso trabajo a quien más lo necesita.

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Comparte esta extraordinaria iniciativa con tus familiares, amigos y seres queridos. Aceptar ayuda no es una vergüenza, es un honor y también lo es para el que da, además de tener muchas ventajas emocionales para la persona.

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