Un fotógrafo y su esposa plantan 2 millones de árboles para que un bosque vuelva a vivir

“Tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol”: Se dice que uno no está completo en la vida hasta cumplir esas tres cosas. Quizás escribir el libro sería lo más difícil y que menos personas cumplen. Pero, si lo pensamos a profundidad todo está relacionado: escribir libros implica tener árboles para hacer el papel y cortar árboles implica menos aire para nuestros hijos.

Tal vez esta fue la lógica que llevó al fotógrafo Sebastián Salgado y a su esposa Lelia a proponerse el plantar la increíble cantidad de 2 millones de árboles en 20 años y de esa manera, restaurar un bosque destruido por completo.

Esta pareja brasileña, en el año 1990 quedó estupefacta cuando regresaron a lo que era un bosque tropical lleno de vida y se encontraron con un área desértica, seca y muerta. Sólo sobrevivía en ese entonces un 0,5% del total del área del bosque.

La catastrófica situación les causó un profundo impacto, pero lejos de resignarse y quejarse con dolor por lo que veían, decidieron utilizar toda su energía en repoblar el bosque. Para ello fundaron el Instituto Tierra, una organización sin fines de lucro enfocada en salvaguardar el bienestar de la naturaleza y la cual ya ha conseguido plantar más de 4 millones de árboles.

“La tierra estaba tan enferma como yo… todo destruido. Mi esposa tuvo la fabulosa idea de replantar el bosque, y eso comenzamos a hacer. Después volvieron los insectos, las aves, los peces y, gracias al aumento de árboles, yo también renací. Fue un momento muy importante,” dijo el hombre.

Además, la Fundación se asegura de plantar árboles adecuados para cada una de las áreas que toman bajo su cuidado. Eligen especies nativas, de manera que la fauna que vivía allí en algún tiempo pueda volver a ella de forma natural.

“Solo hay un ser que transforma el CO2 en oxígeno, y es el árbol. Hay que replantar los bosques con árboles nativos, y recoger las semillas en la misma región en las que las vas a plantar, o no vendrán ciertos animales. Si plantas bosques que no son de la zona, la fauna no viene y hay un silencio desolador”, señala el hombre.

Actualmente, aquel bosque desierto que rompió el corazón de la pareja ha vuelto a deslumbrar con un radiante color verde. Todo ha vuelto a cobrar vida y el abrumador silencio ha sido reemplazado por el hermoso cantar de las aves.

Sebastián y Lelia son un claro ejemplo de que con tenacidad, ahínco y respeto por la madre tierra, podemos generar un gran cambio y crear un mundo mejor para nuestros hijos.

Comparte esta emotiva historia con todos tus amigos y recuerda que las pequeñas acciones hacen el cambio. Actúa ahora y detengamos el daño de la naturaleza.

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