Un estudio revela los riesgos del alto consumo de lácteos que muy pocos conocen

La leche desde hace décadas ha sido objeto de innumerables estudios en favor de la alimentación de los seres humanos, muchos han sido los mitos y realidades compartidas por algunos investigadores acerca de este beneficioso y esencial alimento.

Sin embargo, la realidad es que el alto consumo de alguno de sus derivados se ha convertido en un problema de salud que muchas personas ignoran y que solo pueden ser apreciados con el pasar de los años.

En la cultura oriental la leche no es considerado como un alimento, su consumo es asociado con la aparición de enfermedades como el cáncer en órganos del tracto digestivo.

En Japón, Corea y China desde hace más de un siglo la leche ha sido sustituida por un alimento de alto valor nutritivo hecho a base de semillas de soja, que ayuda a disminuir el colesterol en la sangre y fortalece los huesos gracias al su alto contenido de hierro, calcio y magnesio.

El doctor Neal Barnard, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Washington, presidente y fundador del Comité de Facultativos para la Medicina Responsable en los Estados Unidos, ha sido un constante investigador en la materia y no se ha cansado de exponer en innumerables congresos y entrevistas que el queso es perjudicial para la salud.

En su último libro llamado “La Trampa del Queso” revela que el queso y sus derivados lácteos influyen de manera perjudicial para la salud, causando sobrepeso, altos niveles de colesterol malo, presión sanguínea alta, diabetes y enfermedades autoinmunes.

También afirma que intereses económicos y políticos han convertido el consumo del queso en un alimento casi insustituible dentro de la dieta diaria.

En nuestra cultura la leche es vista como una bebida que ayuda a proteger y fortalecer el sistema inmunológico, principalmente por su contenido de calcio.

Además, es valorada por su participación en la regulación en los procesos de obtención de energía, en especial cuando ocurre el metabolismo de la glucosa y la insulina. Pero a pesar de esos conocidos atributos, el doctor afirma que el consumo de lácteos no es considerado como favorable para la salud.

En el año 1985 tras la creación del comité de médicos para la medicina responsable, el doctor reveló los contratos millonarios que poseía el Gobierno de los Estados Unidos con las grandes cadenas de comida rápida, con el objetivo de impulsar el consumo de queso en sus establecimientos.

Estos contratos eran desconocidos por los ciudadanos, quienes ignoraban las consecuencias y el daño del consumo excesivo de queso.

Según las declaraciones del doctor Neal, el gobierno de los Estados Unidos se comprometió a promocionar la venta del queso para favorecer a la industria láctea sin considerar cuánta grasa y colesterol tiene el queso.

Esta promoción ha tenido efecto porque la venta del queso ha mantenido un constante crecimiento anual.

Al igual que los norteamericanos, los europeos consumen más de 20 Kilos de queso por persona al año. Añadió que ninguna variedad de queso es saludable, incluso el suizo, que en 28 gramos de queso contiene más de 100 calorías y casi 8 gramos de grasa la mayoría saturada.

El queso libera en el estómago casomorfina, una sustancia química estructuralmente parecida a las endorfinas que generan sensación de bienestar y provocan una fuerte adicción. En su libro, el doctor Neal resalta que existen otras fuentes de calcio que pueden ser consumidas sin crear adicción y sin afectar el sistema inmunológico.

Desde pequeños siempre hemos escuchado que la leche fortalece los huesos y, aunque es cierto, el cuerpo no lo necesita en grandes cantidades.

Investigaciones de Harvard indican que después de haber ingerido 600 miligramos de calcio ya el cuerpo no obtiene ningún beneficio adicional.

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