Su sueño de trabajar como enfermera le cuesta la vida y se despide de su familia antes de partir

“Que nadie te robe tus sueños”, dicen los más optimistas. Lamentablemente, la pandemia de coronavirus desatada hace más de un año ha cobrado muchas víctimas y echado por tierra las metas y aspiraciones de muchas personas.

Tal es el caso de María Luisa Díaz Guerra, quien siempre quiso ser enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social. Mientras estudiaba para titularse, su gran oportunidad llegó a finales de enero de 2020, justo cuando México se preparaba para enfrentar la emergencia nacional. Luchó contra el COVID-19 a brazo partido, hasta que sucumbió a él.

Estaba tan emocionada a fines de año que, en lugar de comprar ropa interior roja o amarilla para la suerte en el amor o el dinero, María Luisa optó por un suéter verde, como los que usan las enfermeras del IMSS. Deseaba con todas sus fuerzas entrar a trabajar a esa dependencia.

En abril, su deseo se hizo realidad. Había cumplido con los requisitos. Entre ellos, su servicio social en el Hospital Materno Infantil en la alcaldía Magdalena Contreras, donde pasó 100 horas atendiendo partos. Quería especializarse en neonatos. Y estaba a punto de casarse.

“De pequeña, quería ser médico pediatra, pero en su juventud, un primo suyo tuvo un accidente y ella estuvo allí para cuidarlo. Decía que veía con estupor los malos tratos de ciertas profesionales hacia sus pacientes, lo que repudiaba por inhumano. Por eso decidió ser enfermera”, dijo Gloria, su hermana.

Hace un año, por estas fechas, un tío suyo, investigador del Centro Médico Nacional Siglo XXI, le contó que había una convocatoria para contratar enfermeras en el IMSS y ella envió su solicitud.

Para entonces, en China y Europa el COVID-19 ya causaba estragos en la población, y en esa institución ya se preparaban para atender lo que pronto sería una contingencia nacional. Mary, como era conocida cariñosamente recibió una llamada del personal del IMSS para que se presentara a finales de Enero.

“¡Manitas, manitas, miren, me llegó el correo!”, contó en su momento, muy emocionada, recuerda su hermana.

No sabía si la mandarían al “Área Covid”, pero estaba muy contenta; sí estaba algo temerosa, pero se armó de valor y comenzó a juntar su propio equipo de bioseguridad, además del que le darían en el hospital. Comenzó a laborar en el área en abril. En esos días, en la Ciudad de México la cifra de personas contagiadas y fallecidas iba en aumento.

María Luisa atendió a cientos de enfermos con COVID-19 siempre con dedicación y una sonrisa.

Con el paso del tiempo, dejó de llevar el uniforme en la calle para no ser agredida por la gente, a bañarse al entrar y salir de su turno para evitar cualquier contagio. Sin embargo, como no tenía tiempo de hidratarse comenzó a sentir mucho dolor en un riñón.

El 24 de agosto, Mary comenzó a sentirse mal. Tenía un dolor de espalda espantoso. La mandaron a aislarse a su casa con medicamentos. Un par de días después, le dieron el resultado positivo. Debían intubarla.

Después de rechazar al menos tres veces la intubación, Mary se sinceró con su familia. Se sentía agotada, la verdad. Pasaron 24 horas y no había mejoría. Su nivel de oxigenación estaba en 40 por ciento.

El lunes 14 de septiembre, a las 10:34 de la mañana, recibieron la infausta y terrible noticia que nadie quería escuchar: Mary se había ido, viendo así truncado su más preciado anhelo de convertirse en enfermera. No pudo celebrar con sus compañeras su día, este pasado 06 de enero.

La familia de Mary está tranquila porque sabe que ella hizo en su vida lo que quiso, como quiso, lo disfrutó mucho y fue muy feliz, ese es su único consuelo ante tanto dolor. Comparte esta triste noticia con un mensaje de solidaridad hacia todos los que han perdido a un ser amado.