Prepárate para ver cómo luce Richard, “el niño más musculoso del mundo” 15 años después

Hace años, el pequeño Richard Sandrak, nacido en 1992 en Ucrania, fue conocido como “el pequeño Hércules” ya que desde los dos años de edad había empezado a entrenar bajo la tutela de sus padres y un entrenador personal; ambos campeones mundiales de artes marciales y entrenadores de fitness, para conseguir una masa muscular envidiable.

Como es de esperar, esto desató una gran polémica ya que la distribución de grasa y tejido muscular del niño no era considerada normal y los duros entrenamientos a los que se veía sometido para mantener su cuerpo eran considerados como abuso infantil por muchas personas.

Los padres de Richard, Paul y Lena, descartaban las acusaciones de uso de esteroides en el desarrollo de su hijo, asegurando que nunca había sido sometido a ningún tipo de terapia hormonal y que su envidiable estado físico era simplemente el resultado de un duro entrenamiento y mucha practica de diversos deportes.

Sin embargo, dejando el posible uso de hormonas de lado, otro gran grupo de personas veía al pequeño Richard como una víctima de la codicia de sus padres.

Aseguraban que un régimen de entrenamiento tan duro para un niño podía acabar con la infancia del mismo.

Richard soñaba con ser un actor de películas de acción cuando creciera, pero por desgracia para él, los constantes y rigurosos entrenamientos a los que se veía sometido no le permitieron tener una infancia normal y ni siquiera sabía lo que era la comida rápida o los dulces y golosinas.

Cuando Richard tenía apenas 11 años, su padre fue encarcelado por violencia doméstica, lo que llevó al pequeño a abandonar el físico-culturismo.

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Actualmente, con 24 años, Richard se ha convertido en doble de películas de acción para Universal Studios y solo realiza ejercicios de cardio para mantenerse en forma y con buena salud.

Según él, resulta mucho menos estresante volar por los aires y ser golpeado como doble que dedicarse al fisicoculturismo.

El joven dice no arrepentirse de su pasado, ya que para él fue una buena experiencia que no tiene miedo de compartir y, a pesar de que sabe que sacrificó muchos años de su infancia, no le hubiese gustado ser de otra forma ya que, en sus palabras, el pasado es el pasado, no vale la pena vivir de los recuerdos.

Metro

A pesar de esto, Richard recomienda que los niños deben tener una infancia normal y no de la manera en la que él fue forzado a vivir la suya; los niños, como siempre se dice, son el futuro, por lo que resultaría algo tremendamente deplorable el robarles su ahora.

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