Nace a las 23 semanas y tras perder a sus 2 hermanitos se aferra a la vida

Aunque muchas parejas sueñan con formar una familia, lamentablemente en algunos casos presentan dificultades para lograr el anhelado sueño de convertirse en padres. A veces lo logran con la ayuda de tratamientos de fertilidad, desde los más sencillos hasta los más complejos, o a través de la adopción.

Una de nuestras fieles lectoras ha querido compartir su bonita historia con todos nosotros. Ella es Jaquelina Arias, que junto a su esposo Matias, acudió a un tratamiento de fertilidad para concebir tras meses intentando quedar embarazada sin éxito.

Inicialmente tendrían mellizos, pero en la segunda ecografía en la que escucharon sus corazones, les dijeron que tendrían un tercer bebé. Ni Jaquelina ni su esposo habían imaginado que podría existir esa posibilidad, pero lo asumieron con entereza.

Así que confirmaron que esperaban a dos gemelos y un mellizo. Desde ese momento comenzó a tener un embarazo de alto riesgo que exigía reposo y controles muy frecuentes.

En uno de los controles médicos, detectaron que había aumentado el líquido amniótico de las tres bolsas, y eso podría tener consecuencias negativas para los bebés.

El sábado de esa misma semana, Jaquelina rompió aguas a las 23 semanas y 3 días de gestación.

Angustiados, los padres argentinos se trasladaron a una clínica privada para dar a la luz a sus bebés, pero les dieron la devastadora noticia de que habían sufrido una pérdida y que los bebés no tenían oportunidades de sobrevivir.

En el Hospital Lagomaggiore les dijeron que si querían intentar salvarlos debían trasladarse a otro hospital para dar a luz, aunque resaltaron que el pronóstico no era bueno porque los pulmones de los bebés no habían completado la maduración necesaria.

Al día siguiente nacieron Giovanni, Giuliano y Genaro pesando apenas un poco más de 500 gramos cada uno.

Lamentablemente cuatro días después Giovanni se colgó sus alitas para partir al cielo, no logró resistir.

A pesar de los grandes esfuerzos, los médicos les dijeron a los padres que el pronóstico de los niños no era favorable.

A los 17 días falleció Giuliano, quien se reencontró con su hermanito en el firmamento y desde allá emprendieron una misión muy especial: ayudar a darle fortaleza a Genaro, quien todavía luchaba por mantenerse al lado de sus amorosos padres, que se negaban a despedirse de la ilusión de verlo crecer.

Genaro sufrió varias infecciones interhospitalarias y le diagnosticaron una hemorragia grave de pulmón. Pero a pesar de que el panorama era poco alentador, la luz de la esperanza jamás se apagó.

Mauricio, un enfermero que les ofreció un trato especial a los padres, los animaba todos los días. Les decía que le leyeran cuentos a su hijo, que le cantaran canciones. Cuando lo hacían, el niño se movía.

Los médicos y enfermeras atendían de forma permanente a Genaro, quien demostró que además del tratamiento que ofrece la ciencia, el amor y la energía positiva son las mejores medicinas.

Ese amor que lo trasciende todo y que le hacían llegar sus padres y sus dos angelitos guardianes cada vez lo hacía más fuerte.

Genaro llegó a pesar 390 gramos, cabía sobre la palma de una mano.

Su piel era de una tonalidad oscura y roja porque todavía no había terminado de desarrollar la parte externa.

La doctora le explicó a Jaquelina que la piel de su bebé era como la de un niño quemado y ella se preocupó por el dolor que podría sentir. “Le debe haber dolido hasta la piel”, dijo.

Durante un mes Genaro no pudo alimentarse correctamente y lo trasladaron a un hospital de niños, el hospital Humberto Notti, en el que lo operaron porque sospechaban que tenía una perforación intestinal. Pero por suerte solo era inmadurez de los órganos digestivos, en ese momento ya pesaba 700 gramos.

Poco a poco pudo ser alimentado con una pequeña cantidad de leche.

Después de tres meses Genaro pesó un kilo, y sus padres celebraron con los médicos y enfermeros que había logrado una meta muy importante para su recuperación.

«Al cuarto mes las condiciones de Genero se comenzaron a estabilizar. Luchó contra infecciones, complicaciones y anemia. El pequeño necesitó 15 transfusiones de sangre», dijo Jaquelina.

Para sus padres no era fácil verlo luchar con tantas adversidades, había días en los que empeoraba tanto que parecía que no lo lograría.

Pero ellos se mantuvieron aferrados a la fe y a la esperanza a pesar de que los bebés prematuros como Genaro tienen poca esperanza de sobrevivir.

Finalmente, después de 4 meses y medio que parecieron años, Genaro recibió el alta médica pesando 3,5 kilos. Seguiría usando oxígeno hasta que sus pulmones terminaran de madurar y fue mejorando día tras día.

Los médicos Claudia Laura, Sergio y Lito atendieron a Genaro en el hospital Humberto Notti, trabajaron en conjunto con un amplio equipo de enfermeros que le ofrecieron atención permanente.

Jaquelina resalta que siempre estará agradecida con todo el personal.

Siempre estaremos agradecidos con los médicos y enfermeros, Mariela, Emilce, Eliana, Belén, Janet, Gisela, Silvana, Flavia, Natalia, Paula y todos los que nos ofrecieron su atención, ánimo y cariño”, dijo Jaquelina emocionada.

En el largo camino que recorrieron junto a su bebé Jaquelina y Matías recibieron numerosas muestras de apoyo.

“También recibimos mucha ayuda de todo tipo: económica, espiritual, de apoyo, de escucha, de amigos y familiares. Cada noche hacíamos una cadena de oración a las 22:00 horas”, relató Jaquelina.

Ahora Genaro tiene 7 meses y se recupera junto a sus padres, quienes diariamente agradecen por tenerlo en sus brazos y verlo crecer.

La sonrisa de Genaro es para Jaquelina y Matías una demostración de que los milagros existen.

Dicen que los padres de un bebé prematuro son realmente especiales, la razón es porque Dios no escogería a cualquiera para que fuera testigo de un milagro tan grandioso.

Es admirable la valentía con la que la pareja enfrentó el momento más agridulce de su vida con la llegada de sus tres pequeños. Genaro crecerá rodeado de sonrisas y fortalecido en el consuelo y amor de sus padres.

Genaro es un milagro que vino al mundo a recordar que jamás hay que perder la esperanza porque el amor y la fe todo lo hacen posible. Comparte su historia, puede ofrecer inspiración y consuelo a otras familias del mundo que enfrentan el mismo desafío.

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