Maestra rompe a llorar después de que el director retuvo la pizza que ella pagó para sus alumnos

Quienes ostentan algún cargo de gobierno saben que agradar a todos no es tarea sencilla. Es lo que ha sucedido recientemente con el director de una escuela que tras la peor decisión de su vida, según su «recto entender», ha sido acabado en las redes sociales.

Los hechos sucedieron en la Escuela Secundaria Brody, en Des Moines, Iowa (Estados Unidos), el pasado jueves

Una maestra quedó con el corazón destrozado después de que el director de la escuela, el señor Thomas Hoffman, le prohibiera abruptamente que repartiera la pizza que había encargado para sus alumnos por haber trabajado muy duro a lo largo del último trimestre. Se lo merecían, ella se los había prometido y de pronto, todo se esfumaba por la razón más injusta.

Todos sabemos que lo peor que se le puede hacer a un pequeño es ofrecerle algo y no cumplirle, esas decepciones no son fáciles de comprender ni asumir. Y tampoco les pedimos que lo hagan, son muy chicos para entenderlo. Así se sentían estos niños que habían trabajado tanto y aunque sea una cosa muy simple, comer pizza entre los compañeros en un momento de clase, era su mayor ilusión.

Fue Neil Erickson, un padre de uno de los niños, quien acudió a su red social y totalmente indignado denunció los hechos:

«Mi hijo ha estado emocionado por esto durante días, contándome y cómo se lo ganaron. Hoy era el día. Las pizzas fueron entregadas a la clase, el profesor pagó y firmó el recibo. El director entra al aula y dice: ¡Nunca apruebo las fiestas de pizza!», relató Erickson.

Las pizzas ya habían llegado al aula cuando el director le informó a la maestra que no podía celebrar con sus alumnos.

«Ahora mi hijo y sus compañeros de clase perdieron la fiesta por la que trabajaron duro, estoy seguro que las pizzas se desperdiciarán y la maestra se quedó llorando. ¡No puedo creerlo!»

«Las pizzas no fueron tomadas para que el personal las comiera … las pusieron en cajas para que se pudrieran para que la maestra pudiera llevarlas a casa al final del día», concluyó Erickson en su publicación que fue compartida miles de veces.

Las redes no tardaron en responder, se mostraron totalmente indignadas condenando la actitud del director, su poca empatía y falta de humanidad. Algunos dijeron incluso que Hoffman era el verdadero «Grinch» de la Navidad. Aunque otros reconocen que a lo mejor la maestra debió haber pedido la oportuna autorización previamente para tener la fiesta con sus alumnos.

Pero el hecho causó tanta repulsión por parte de toda la comunidad, que el director no tuvo otra opción que emitir una disculpa pública, además de justificar su decisión:

«Una de mis principales prioridades es la equidad y la igualdad de oportunidades para nuestros estudiantes y eso se aplica a todo, desde el aprendizaje hasta la manera de recompensarlos en el aula», explicó.

«Sin embargo, quiero disculparme por ser demasiado estricto en la aplicación de ese estándar hoy y de haber decepcionado a nuestros alumnos y castigarlos», agregó. Palabras que a fin de cuentas revelan mucha humildad a pesar de su gran error.

Además, dijo que como muchos se ofrecieron en enviar nuevas pizzas para los niños, las aceptaría y no sólo eso, sino que organizarían una fiesta para los 700 alumnos antes de que salgan de vacaciones.

Hoffman cumplió lo prometido

Comparte esta historia con tus amigos, era justo que los pequeños recibieran lo que les prometieron y el director seguramente habrá aprendido la lección de que en ocasiones tener «manga ancha» para algunas normas no supone perder autoridad ni es el fin del mundo.

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