Mi madre me enseñó todo sobre la vida menos a vivir sin su valiosa presencia

La figura de la madre es esencial para todo ser vivo, humano o no. No existen palabras suficientes que logren describir al amor de mamá. Por ende, cuando nos sobreviene su ausencia física, nos queda un vacío muy difícil de llenar.

Una madre es la protectora amorosa de nuestra alma y corazón.

Madre

Superar la pérdida de un ser querido siempre es duro, sobre todo cuando se trata de nuestra madre. Ella es la encarnación de nuestro primer amor.

Nunca estamos ni estaremos preparados para afrontar este tipo de dolor, que se enquista en los huesos, en el alma y en el corazón.

El vínculo que se crea entre la madre y el hijo, o hija, es indivisible, férreo e inexpugnable. Incluso, los hijos pueden y deben apropiarse de ese gran tesoro que les descubre las preciosas enseñanzas que solo una madre logra transmitir.

Madre

Una buena madre es aquella capaz de enseñar a los hijos cómo afrontar la vida, cómo recuperarse y trascender incluso en los momentos más aciagos.

Es quien seca sus lágrimas y los impulsa a seguir adelante, sin importar las adversidades. Sin embargo, hay algo que no es capaz de explicar: cómo lograr estar sin ella.

“Aquello que quizás no habrá sabido decir mi madre con seguridad, es cómo hacer para seguir adelante sin ella: sin poder sentir su voz o una respuesta; sin ver su rostro o acariciar sus manos”, expresó en una publicación una mujer quien acaba de perder a su madre.

Aunque el luto siempre causa una honda aflicción, es importante entender que el dolor incluye varios sentimientos. Cada persona es única, como única es su experiencia frente a la muerte de su ser más querido.

“Algunas personas perciben una sensación de entumecimiento, que incluso puede ayudar en el momento que toca hacer todos los arreglos correspondientes de un funeral.

Pero, es necesario no dejar que este sentimiento dure por mucho tiempo. Hay que aceptar la realidad de todas todas”, explica un experto psicólogo.

Y es que, la vida no es sencilla de ser vivida. No es fácil, y a menudo nos coloca frente a elecciones y situaciones sumamente complejas. Es en estos momentos cuando más se recuerda y se requiere de aquel caluroso consejo protector de mamá.

Además, la madre es quien nos estimula a luchar por nuestros sueños y metas. A no desmayar en el intento de ser felices y de sentirnos realizados.

Pero, también a amar a los demás como a nosotros mismos, incondicionalmente. Nos educa en los valores y nos enseña a ser empáticos con quien más sufre.

El dinero no da la felicidad, no lo es todo en la vida. Esta es una máxima que también nos viene heredada de los labios y del corazón de nuestra madre. El enojo y la culpa son sentimientos que también se viven al afrontar la muerte.

La culpa nos surge por no haber dicho o hecho más cosas mientras que nuestra progenitora estaba viva. Por eso, resulta de vital importancia aprovechar cada segundo a su lado, decirle cuánto significa para nosotros y cuánta falta nos hace cada día sentir el calor de su abrazo.

Realmente, el proceso de aceptación es muy difícil y atemporal, pero el show debe continuar. La conexión entre madre e hijo o hija nunca se pierde, ya que se trata de un vínculo precioso e ilimitado, que se genera entre ambos desde el propio momento de la gestación.

No importa cuánto tiempo pase. Superar el dolor por la pérdida de la autora de nuestros días depende de la experiencia de cada quien. Sin embargo, lo cierto es que solo quien haya pasado por este trance, sabe lo difícil que resulta despedirse para siempre del verdadero y más puro amor. ¡Gracias, por tanto, mamá!