No entendían por qué sangraba tanto este bebé… Hasta que descubrieron la razón de sus heridas

El joven Ricardo D’Amico tenía planes de pasar una tarde de domingo relajado, dando un paseo en su bicicleta, pero mientras iba en el camino, encontró algo que cambió por completo el curso del día. Estaba camino a un pequeño y tranquilo pueblo a las afueras de Houston, Texas, cuando vio una sábana tirada en una zanja. Le pareció extraño y se acercó a investigar. Lo que encontró fue a un cachorro envuelto allí, solo y asustado… 

Ese frágil perrito negro con manchas blancas apenas podía moverse, parecía estar sufriendo a causa de una herida que aún no identificaban. Ricardo llamó a LaChrystal Ricke, amiga y directora de la organización Reggie’s Friends, para que lo ayudara a salvar al pobre animal cuyo problema aún no había descubierto.

“Todos pensamos que lo lanzaron de un auto y cayó en la zanja, pero cuando lo agarré y comencé a hacerme una idea de lo que tenía frente a mi, no había heridas que coincidieran con la cantidad de sangre que tenía a su alrededor“, dijo Ricke.

Después de envolverlo en algo limpio y fresco fueron al BluePearl Veterninary Partners para que lo atendieran.

“Cuando llegamos al veterinario, el equipo tuvo la misma reacción sobre la cantidad de sangre, aunque no había señales de trauma ni heridas“, continuó.

Después de hacerle varios exámenes y un ultrasonido, las muestras de sangre revelaron un terrible secreto: lo habían envenenado.

“Se confirmó que tenía un severo nivel tóxico en la sangre. El veneno estaba a 400% aproximadamente. Es una de las cosas más horribles que he visto en el refugio”, dijo Ricke.

De inmediato, le hicieron una transfusión de sangre, pero todos sabían que para el pobre cachorro sería muy difícil recuperarse. Sin embargo, durante la noche sus oportunidades se multiplicaron, se recuperó casi milagrosamente. Para sorpresa de los cuidadores, al día siguiente estaba comiendo y bebiendo, tan sano como para dejar el hospital e ir a recibir cuidados de una familia adoptiva.

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Al llegar allí, su nueva mamá adoptiva le puso Lincoln. Ahora, poco a poco va recuperando su fuerza. Pasa los días jugando con sus hermanitos adoptivos Jagger y Letti, la buena compañía lo hace muy feliz. “Le estamos enseñando a jugar. Al principio estaba asustado y huía, pero ahora está muy emocionado”, contó su mamá adoptiva.

También cuenta que al pequeño le gustan los juguetes de cuerda, y que cuando no está jugando lo que más le agrada es acurrucarse con alguno de sus padres o con los otros perritos. En un mes estará listo para su próxima aventura, con todo lo que ha pasado y aprendido seguro no costará nada que consiga un hogar para siempre. Pero ahora es momento de sanar, y el chico no parece estar apurado.

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