Renunció a la presidencia de McDonald’s para convertirse en un ermitaño sin comodidades

Un día en la vida de un empresario de una multinacional puede transcurrir entre tareas como coordinar juntas directivas, viajar de un lado a otro para atender citas y reuniones, velar por el estado financiero de la empresa, estar al tanto del giro del negocio y de todos los pormenores relacionados con generar más y más ganancias.

Así era la vida estresante de Pedro Medina, quien pasó de ser un empresario colombiano exitoso –a cargo de 33 restaurantes de McDonald’s- a despertarse con el trinar de los pájaros y el sonido del agua que baja de la montaña, en una sencilla casa construida casi toda de barro, piedra y bambú, en la que vive desde hace un año y medio.

Jet Set

Ahora puede respirar pacíficamente, reparte decenas de abrazos diarios, sonríe, recoge piedras, se baña en el río, cultiva todo tipo de yerbas, frutas y verduras, en pocas palabras vive libre y feliz. Y memoriza números, sí, pero relacionados con la diversidad de la fauna y flora de Colombia. O con las vitaminas que aporta un alimento específico.

Ya no necesita más de comodidades, no utiliza refrigerador ni televisor, tiene una pared que se recuesta sobre una roca enorme y un baño seco que no contamina el agua, aprovecha la energía solar y se las ha ingeniado para que los desechos puedan ser usados como abono.

Ahora la palabra éxito tiene para él un significado completamente diferente y recorre el mundo dando charlas en las que enseña cómo creer en su país.

Vice

Esta es la historia de un poderoso empresario que un día le dio un giro verdaderamente radical a su vida.

Su pasado

Pedro Medina tenía 35 años cuando trajo McDonald’s a Colombia. Después de 2 años de ir y venir de Estados Unidos, hacer llamadas, conseguir papeles y dinero y demostrar que podía encargarse de esa franquicia, montó el primer restaurante de la multinacional de cadenas rápidas más famosa del mundo.

“Abrimos 10 restaurantes en los primeros 12 meses. Tuvimos la apertura más rápida de McDonald’s en el mundo, hasta ese momento. “Nos convertimos en el empleador más grande de estudiantes universitarios del país, con 1.125 jóvenes”, recuerda hoy Medina.

Su sueño se había cumplido. Un tiempo después de ser el gerente general de McDonald’s en Colombia, pasó a ser su presidente.

El Pedro de entonces era “Bastante psicorrígido, bastante perfeccionista y bastante estricto”. Se podía decir que era adicto al trabajo, siempre tratando de dar lo mejor de sí, pero en ocasiones no sabía cómo equilibrar los distintos aspectos de su vida.

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Wikipedia

“Ese mundo lo absorbe a uno muchísimo. Yo creo que mucho lo hice a expensas de mi familia. Ese es uno de los retos importantes, cuando uno sube a una posición de estas tener cuidado con el balance, con el equilibrio”, dice hoy tranquilo.

¿Qué le obligó a repensar su vida?

Medina reconoce que fueron dos de los momentos más importantes de su vida los que lo llevaron a dar un giro de 180 grados.

El primero fue en 1999, gracias a una clase que dictaba a futuros administradores de empresas y economistas de la Universidad de los Andes.

Colombia atravesaba una fuerte recesión económica, el narcotráfico había afectado a buena parte de la sociedad. Y Medina les preguntó a sus 39 estudiantes cuántos de ellos se veían en Colombia en cinco años y solo 12 le contestaron afirmativamente.

“Cuando les pregunté a los otros 27 qué era lo que pasaba, me respondieron pidiéndome razones para quedarse en el país y yo no supe qué decirles”. Habló del café, las esmeraldas, los dos mares que lo bañan, las flores. Y se quedó sin argumentos.

“No fui capaz de venderles Colombia a mis estudiantes. De esa frustración nació una reflexión: no vendemos lo nuestro porque no lo sabemos vender, porque siempre nos han mostrado lo malo y no hemos investigado lo bueno. Y siempre nos han contado que todo lo extranjero es mejor, que lo que vale es el modelo extranjero”, reflexiona.

Al día siguiente, comenzó a montar un proyecto de investigación que tardó año y medio en salir a la luz y le dio pie para crear una charla llamada “¿Por qué creer en Colombia?”.

Y el segundo momento fue el más dramático. El más difícil. Cronológicamente fue el primero, pero a él le gusta contarlo al final porque tomó consciencia de lo que supuso 15 años después, cuando por casualidad se reencontró con la persona que estuvo al lado suyo el día que sufrió un derrame cerebral que lo dejó al borde de la muerte.

Era el 12 de marzo de 1995 cuando Medina tenía que viajar a Caracas para supervisar el entrenamiento de un grupo de empleados de McDonald’s.

Pero las cosas no salieron como estaban planeadas: casi no logra llegar al aeropuerto pues tuvo que regresar a la oficina por un material, el avión se retrasó, no encontraba el asiento que le habían asignado y discutió con los auxiliares de vuelo. De repente le sobrevino un intenso dolor de cabeza, comenzó a sentir mareo y a tener mucho frío.

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“Tuve un aneurisma. Me abrieron la cabeza unos días después y cuando me la sellaron me dejaron un tornillo un poco suelto”, afirma ahora, sonriendo. La cicatriz se le ve todavía, en el lado izquierdo de la frente.

Eso es lo que me permite hacer lo que hago hoy en día… no tengo tornillos sueltos, pero la verdad es que cuando uno ha estado al borde de la muerte ve la vida bien diferente.

Su presente

El Pedro Medina de ahora es muy distinto del Pedro Medina de 1995. Los valores con los que se suele asociar a McDonald’s (la rapidez, la homogeneidad, la producción en serie) ya no lo acompañan. El lujoso apartamento del norte de Bogotá donde vivía, tampoco.

A sus 57 años, Medina vive en Choachí, un pueblo de unos 13.000 habitantes ubicado casi 55 kilómetros al suroriente de la capital colombiana donde, según dice, “solo hay tres ladrones y todo el mundo los conoce”.

Su casa está en una vereda a 2 kilómetros del casco urbano del pueblo, donde hay 148 casas y viven solo 500 personas, en su mayoría campesinos.

CNN

Hace años no se come una hamburguesa ni entra a un McDonald’s. “Ya no como carne roja, ya no tomo gaseosa… digamos que soy flexivegetariano, solo como pescado, y vivo una vida muy rica, vivo una vida muy diferente en la que ya no pienso que el modelo foráneo sea lo máximo”.

La felicidad de Medina es inversamente proporcional a la cantidad de cosas que compra.

“Hoy creo que el éxito es una palabra demasiado trillada, que muchas veces implica competir con otros, mi éxito a costa de tu fracaso, pero el planeta está demasiado recalentado para seguir buscando más y más éxito, todo el tiempo.

La gente me pregunta cuántas hectáreas tengo acá y cuando les digo que solo una me dice que compre más. Pero no quiero. Una es más que suficiente. No estoy buscando un carro más grande, no estoy buscando más cosas, me gozo lo que tengo, lo disfruto y lo comparto”.

El más rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Esa es la frase que en este momento más se ajusta a su vida.

“Necesito muy poco para vivir. Me voy a la plaza de mercado de Choachí y todo me vale 1.000 o 2.000 pesos (un dólar equivale hoy a 2.900 pesos colombianos). Ya no necesitamos nevera porque la comida la cocinamos toda fresca.

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Me siento mucho más libre y más feliz, gano menos pero vivo mucho mejor. Tengo más tiempo para mí. Pasé del consumismo viejo, de cuántos cilindros tiene tu carro y cuánto ganas, al consumismo nuevo, que es estar con tu mismo par de pantalones, con tu misma camisa…”, bromea.

Vive en una minga, palabra quechua que significa construcción colectiva. En una casa construida casi con los mismos materiales que la suya, unos metros más arriba, viven su hijo mayor, su compañera y los dos nietos que más le dan vida hoy a Medina. Sus otras dos hijas viven en Cali y Barcelona.

“Ayer en una conferencia me preguntaron cuántos McDonald’s hay en Colombia y yo ‘pues ni idea, ya no sé’. Antes sabía cuántas hamburguesas se servían cada minuto, todo eso… ahora mejor pregúntame cuántas especies de anfibios hay en Colombia, y yo te digo que 733 especies de anfibios. Hoy esa memoria la aplico para otras cosas que para mí son mucho más relevantes”.

Actualmente, a través de la fundación creada por el mismo Pedro Medina, Yo Creo en Colombia, ha dado más de 8.000 conferencias ante 847.000 personas en 166 ciudades de 33 países, “Creando una escuela de pensamiento sobre una Colombia y una Latinoamérica capaz, recursiva, inteligente, trabajadora, apasionada, feliz, curiosa, productiva y competitiva que existe pero que muchos no ven”.

Youtube

Se puede tener acceso a las conferencias de Pedro Medina, en el canal de Youtube de su fundación.

Su intención al dar estas conferencias es transmitir su vivencia y porque está seguro que “al cambiar las historias que contamos, cambiamos los paradigmas”

En el siguiente video podrás ver un documental que han dedicado a su vida:

Vidas como estas son las que nos inspiran a seguir adelante. Está claro que la idea de éxito a toda costa y la mentalidad consumista que la sociedad se ha encargado de instaurar no nos lleva a ninguna parte. Quizás pueda ser un momento de repensar nuestra vida y de preguntarnos ¿a dónde vamos?

Esta inspiradora historia puede mover a muchos más a cambiar sus vidas, compártela con tus amigos.

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