Crece en una casa con piso de tierra, sin agua ni luz pero aprende 7 idiomas y va a Oxford

Esteban Cichello Hübner demostró que sí es posible superar las adversidades a las que se enfrentan quienes crecen en la pobreza extrema.

Él nació en una humilde vivienda en La Falda, Córdoba, Argentina, con piso de tierra, sin suministro de agua ni electricidad, pero logró aprender siete idiomas y da clases en la Universidad de Oxford, una de las más prestigiosas del mundo.

Gracias a él, el fallecido Diego Armando Maradona ofreció una conferencia en esa casa de estudios.

Cuando era muy pequeño su familia se desintegró se mudó con su madre, Ester Gracia y su hermano mayor Daniel a Buenos Aires. Sufrió mucho cando caminando con su madre vieron a su papá, Pedro Cichello, besándose con otra mujer.

Desde ese día fue testigo no solamente de la traición, sino de escenas muy violentas.

“Ver una escena de tal magnitud de violencia fue una hecatombe en mi infancia, fue traumático”, recordó el profesor Cichello desde Gran Bretaña.

Ester y sus hijos viajaron 770 kilómetros y llegaron a un terreno que la abuela de Cichello había comprado por cuotas.

Era un espacio de seis por seis, sin paredes, sin suelo, con láminas de metal como techo. No tenían baño, ni cocina, mucho menos calefacción.

Solamente podían ubicarse en dos camas: una que tenía Raquel, la abuela materna de Esteban en la que dormía con su último hijo Marcelo y en la otra dormía Ester con sus dos hijos.

Raquel era el único sostén de la familia, trabajaba como personal de limpieza en un centro de asistencia pública.

Usaron cartón para abrigarse

En invierno era difícil de soportar el frío, Raquel se llevó de la basura de su lugar de trabajo cajas de radiografías marca Kodak con las que cubrió las ranuras para aislar el frío.

Cuando se dañó el cartón de las cajas, aplanó con un martillo diversas latas para que hicieran la misma función.

Ester recogía el agua y se encargaba de que tuvieran lámparas de kerosene o velas para iluminarse.

A los 7 años Esteban se bañaba con baldes de agua, para llevar el vital líquido a su casa recorría 100 metros con baldes sobre sus hombros.

Aunque no tenía energía eléctrica, bajo la luz de la luna leía un viejo libro de Albert Camus que encontró sin importar que estaba en francés.

Él tenía la convicción de que no había nada imposible.

Pedro apareció en el lugar repentinamente, se llevó a los niños por la fuerza y después de una disputa un abogado instó a los menores a elegir con quién querían vivir.

Daniel se marchó con su padre, pero Esteban se quedó junto a su mamá a pesar de que viviría en condiciones mucho más precarias.

Una tragedia lo marcó para siempre

Poco después Raquel fue atropellada a las 5:30 de la mañana por un conductor bajo estado de ebriedad cuando se dirigía a su trabajo tras bajar del autobús.

Pasó 42 horas en estado de coma, pero no logró sobrevivir. La familia se quedó devastada y sin ningún tipo de ingreso.

En la empresa donde Raquel trabajaba le ofrecieron su cargo a Ester.

El panorama empezaba a mejorar a pesar del dolor de la pérdida, una persona que se solidarizó con su situación les regaló una bomba de agua de hierro y aunque era muy pesada tuvieron que irla a buscar a otra localidad.

Regresaron en tren muy agotados, pero sabían que la recompensa sería extraordinaria.

Ester comenzó a sembrar tomates, caña de azúcar y otros productos. Además, hizo un gallinero.

A los 9 años comenzó a trabajar

Apenas con 9 años Esteban tuvo su primer empleo en la Despensa Lolita, desde las 9:30 hasta las 12:30, después iba a la escuela.

En el negocio era el encargado de limpiar las neveras, acomodar las cajas y envolver los huevos con hojas de periódico.

La lectura lo motivó

“El ábrete sésamo de mi vida fue la lectura, yo me rehusaba a ser pobre de palabras. Los diccionarios me apasionaban. Como no tenía dinero para comprarlos junté cables negros, los quemé, y después, vendí el cobre que me quedaba. Con eso, un día me compré un diccionario de inglés”, relató Esteban.

Una vecina que tenía discos de vinilo con un curso de inglés se los reproducía a cambio de huevos del gallinero de la casa de Esteban. Sus ganas de aprender el idioma nunca terminaban.

En su cumpleaños su padre le regaló un tren eléctrico que no tenía cómo conectar. Pero en lugar de quejarse, como un niño resiliente, lo empujaba con sus manos.

Esteban soñaba con tener algún día un par de zapatos nuevos. Cuando era adolescente había aprendido inglés con los discos de su vecina.

Malas decisiones

Ester se volvió a casar y tuvo dos hijos: Marcos David, que falleció a los 20 años por sobredosis y Claudia Noemí. La precaria vivienda en la que habitaba la familia tuvo pequeñas mejoras, pero nada significativo, al menos tenían electricidad.

Pero la apuesta que Ester le hizo nuevamente al amor no fue acertada, era víctima de tratos injustos y él tenía adicción al alcohol.

Como en la vivienda había muy poco espacio, Esteban se fue a la casa de unos tíos paternos que habían perdido a su hijo hasta que su tía se enfermó gravemente.

El nuevo esposo de la madre de Esteban falleció poco después de cirrosis hepática.

A los 16 años Esteban empezó a trabajar en un laboratorio dental repartiendo dentaduras, prótesis y coronas. Mientras hacía una de las entregas, en el tren un hombre le ofreció empleo, se trataba del fundador de Festo Argentina, una empresa alemana de automatización industrial.

La única condición del empleador de Esteban era que él continuara estudiando.

En 1987 Esteban se graduó de secundaria especializada en Letras y ahí, un profesor de geografía lo motivó a conocer el mundo.

La ley de atracción

En esa época leyó un libro de un autor coreano que cambió su forma de ver la vida. Se trataba del poder de visualizar aquello que se sueña.

“Leí que uno se debía embarazar de las cosas que deseaba para su vida. Si uno soñaba con una bicicleta, era muy factible que tuvieras esa bicicleta… pero el sueño tenía que ser muy claro: tenías que soñar con el color, la marca, el tamaño y hacer todo lo posible por tenerla”, relató Esteban.

El siguiente empleo de Esteban fue en el Hotel Conquistador, después logró trabajar en el hotel Sheraton repartiendo mensajes en cientos de habitaciones piso por piso.

Esteban se trasladó a Mendoza, y comenzó a ahorrar todo lo que podía.

No hay ningún sueño imposible

Cuando Esteban cumplió 20 años logró su sueño de conocer Israel, viajó a ese país y se estableció en Kibutz, donde cosechaba aguacates, fabricaba pan y limpiaba gallineros.

Cinco meses después de vivir en un área rural se dirigió al hotel Sheraton de Tel Aviv pidiendo ver al gerente general. Se presentó como “Soy Sheraton Argentina”, el gerente lo atendió, le contó que comenzó trabajando como mozo en el Sheraton de Frankfurt y que sabía lo que significaba el esfuerzo.

Aunque Esteban sabía muy poco de hebreo igual recibió la oportunidad de trabajar como dador de llaves.

Durante los primeros treinta días durmió en la playa frente al hotel y cuando cobró su primer salario alquiló una habitación en la vivienda de unos marroquíes.

Solicitó trabajar en el turno de la noche para poder estudiar hebreo en las mañanas, sabía la importancia de manejar el idioma.

Llegó a la universidad

Cuando manejó a la perfección la lengua hebrea se matriculó en la Universidad Hebrea en Jerusalén para estudiar Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Pagaba los estudios prestando servicios sociales, se graduó con honores Summa Cum Laude.

En un viaje a Gran Bretaña Esteban tuvo el sueño de estudiar en la Universidad de Oxford.

“Siempre hay que anhelar lo mejor. Nunca conformarse, la vida es muy corta. Yo deseaba seguir estudiando y entrar a la mejor universidad del mundo”, confesó.

Esteban envió solicitudes de admisión a las universidades más reconocidas del mundo y recibió una respuesta positiva de cuatro de ellas: Oxford, Cambridge, Johns Hopkins y Stanford.

Pero para estudiar en Oxford necesitaba 12.000 euros y no tenía ni uno, así que comenzó a aplicar para distintas becas hasta que consiguió algunas. Les pidió a las universidades una prórroga de un año para poder reunir el dinero.

Rendirse no era una opción

Esteban investigó que Japón era uno de los mejores países para ganar dinero rápidamente, se fue a Tokio, solo llegó con 50 dólares, conoció a unos peruanos que trabajaban en la construcción y le ofrecieron empleo.

Aceptó el trabajo y en su tiempo libre era vendedor ambulante de joyas de fantasía. Pero las cosas no le salieron como había planeado, así que viajó a París.

Se postuló para trabajar en el hotel de Eurodisney y le dieron el empleo, trabajó como recepcionista VIP. Había ahorrado algo de dinero cuando lo llamaron del British Council para decirle que le otorgaron una beca para la Universidad de Cambridge.

Aunque la alegría no fue plena porque soñaba entrar a Oxford. Esteban se atrevió y pidió reunirse con el comité de becas, le dieron una cita muy breve y debía viajar a Londres

En la reunión los convenció y le otorgaron la beca para Oxford, pero solamente por dos años y aunque la carrera tenía tres él aceptó dispuesto a buscar la manera de resolver.

Tres carreras universitarias

Esteban se graduó de tres carreras universitarias en Oxford sin pagar nada. Y, además, se convirtió en profesor de la institución de más de mil años de antigüedad. Fue el encargado de dirigir varios de sus programas y fue tutor de alumnos de diversas partes del mundo.

Además, estudió en la Universidad de Salamanca en España y fue profesor de la Universidad de Cambridge.

Gratitud

Esteban siempre ayudó a Ester, incluso cuando vivía en Israel le envió dólares envueltos en papel de aluminio dentro de tarjetas de cumpleaños por correo certificado, así las máquinas detectoras de billetes no los reconocerían.

Su madre nunca faltó a sus actos de graduación, Ester vive con Claudia Noemí, la hija que tuvo en su segundo matrimonio.

En el año 1995, Esteban propuso a Diego Armando Maradona como orador anual. Lo admiraba desde muy joven, lo conoció cuando trabajaba en un hotel en Argentina en el que se congregaban los jugadores del Boca Juniors.

Aunque Esteban tenía prohibido acercarse a los jugadores, llevaba el equipaje de Maradona, procuraba seguirlo. En una oportunidad, el futbolista le ofreció un caramelo de los que comía sin parar para mitigar su ansiedad.

Esteban, nervioso y emocionado, se ahogó, Maradona lo golpeó por la espalda para ayudarlo.

Cuando le envió la invitación para ofrecer la conferencia en Oxford, fue declinada. La respuesta del futbolista fue que no podía ir.

Pero Esteban decidió escribirle una carta con su puño y letra, en la que le recordó la anécdota del caramelo. El futbolista lo llamó y le dijo: “Yo voy si me vienes a buscar a Buenos Aires”.

Esteban viajó y prepararon juntos el discurso, pero el día de viajar a Gran Bretaña los planes de Maradona se modificaron. Viajaría con sus amigos, parientes y familiares, pero Esteban le dijo que solamente tenía presupuesto para una persona.

El futbolista le dijo que no se preocupara, todos viajaron a Nueva York y tomaron un avión Concorde que los trasladó a Londres.

Para la charla de Maradona en Oxford se abrieron los jardines y acudieron 2000 personas, los estudiantes le otorgaron el título honorífico de: Maestro Inspirador de los Soñadores de Oxford.

Esteban valoraba la fuerza de voluntad de Maradona para salir de la pobreza extrema en la que nació y creció.

Tres palabras clave

Cuando a Esteban le preguntan cuáles son las claves para lograr los sueños responde con tres palabras: “Convicción; claridad, para ver a dónde se quiere ir; fortaleza psicológica para soportar los fracasos, yo me caí muchas veces; preparación, los estudios son la mejor inversión y saber que sin sacrificio no hay beneficio”.

Esteban publicó un libro titulado “Las llaves de Raquel” en el que contó la primera etapa de su vida. Viajó por 80 países y no ha parado de estudiar, habla español, inglés, francés, italiano, portugués, alemán, hebreo y un poco de árabe.

Actualmente sigue siendo profesor de Oxford y director de programas especiales.

Él asegura que la peor enfermedad es la vagancia, que con esfuerzo y trabajo duro todo se puede lograr.

“La pobreza fue muy riqueza, yo me siento una persona super rica. Porque rico no es quien más tiene, sino quien menos necesita. Y yo necesito muy poco para ser feliz”.

Su testimonio es una gran inspiración para muchos, no te vayas sin compartirlo.

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