Conocen el drama de una mujer y su hijo en la Edad del Hielo gracias a unas huellas fosilizadas

La cuenca hidrográfica de Tularosa es hoy un desierto que cubre alrededor de 16.800 kilómetros cuadrados, lo que equivale a decir que es 35 por ciento más grande que la ciudad de Connecticut, en el estado de Nueva York, Estados Unidos.

Este lugar fue el escenario de un espectacular descubrimiento arqueológico, que dio con las misteriosas huellas de una presunta caminante, quien hace unos 13 mil años recorrió una distancia de al menos un kilómetro y medio, cuando aún el paisaje era pleno de frondosa naturaleza.

El hecho fue evidenciado por científicos e investigadores de la Universidad de Bournemouth, Inglaterra, luego de analizar el sitio hoyado por esta mujer perteneciente al final de la última Edad de Hielo.

Se demostró que fue un trayecto rápido el realizado por esta persona, que se supone mujer ya que, si bien al comienzo las pisadas son más profundas y en solitario, más tarde aparecen unos pequeños piececitos atribuidos a un niño de no más de dos años de edad.

“Según nuestra teoría, la mujer, que luego dejó marcas más superficiales, iba cargando al menor y simplemente se cansó y lo dejó caminar a su lado”, dijeron los estudiosos.

También se notó que el camino fue de ida y vuelta, aunque no se sabe a ciencia cierta qué fue lo que sucedió, pero se presume que volvió sola. También pasaron por el lugar un mamut y un perezoso gigante terrestre, lo que podría darnos una triste idea de lo que pudo haberle pasado al presunto bebé.

Los líderes de la investigación, Matthew Robert Bennett y Sally Christine Reynolds han publicado un estudio del fenómeno en la revista Quaternary Science Reviews, donde calculan que el suelo ha debido de estar húmedo y que, incluso la mujer haya tenido que correr para guarecerse de un torrencial aguacero.

“Las pistas del regreso a casa tienen una forma menos variada y estrecha. Incluso podríamos sugerir que la superficie probablemente se hubiera secado un poco entre los dos viajes”, explican en el informe.

No obstante, estas huellas narran una historia velada e inconclusa que deja más preguntas que respuestas: ¿Por qué se movían tan rápido? ¿Qué pasó con el niño? ¿Estaba enfermo? ¿Por qué regresó sola esta mujer? No hay manera de saberlo.

Todo el relato se basa en meras especulaciones más o menos verosímiles, de las que existen pocas pruebas.

De igual manera, se han descubierto indicios de huellas humanas al momento de cazar, y otras que evidencian juegos entre niños. En la actualidad, la cuenca de Tularosa forma parte del Monumento Nacional de las Arenas Blancas, bastión natural compuesto por dunas de cristales de yeso.

En toda la región se han hallado herramientas de piedra, puntas de lanza y de flecha, objetos todos íntimamente relacionados a los pueblos asentados después del fin de la Edad de Hielo.

Comparte esta historia de nuestra cotidianidad milenaria con tus seres queridos. Hay que recuperar, mantener y transmitir nuestra memoria histórica, de lo contrario, se empieza con el olvido y se termina en la indiferencia.

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