Abuelito se pone a llorar porque nadie le compraba sus mueblecitos pero una joven interviene

A todos nos gustaría que las personas mayores tuvieran su retiro soñado, en la tranquilidad de su hogar, rodeados del cariño de los suyos, sin mayores preocupaciones. Han dedicado su vida entera al bienestar de su familia y años de trabajo a la sociedad, que hoy los abandona.

Es por eso que cuando conocemos historias de ancianos que se debaten entre la soledad y ante la angustia de no tener un pan para llevarse a la boca, y deben verse obligados a salir a trabajar, se nos parte el corazón.

Don Ramón Rojas es uno de esos abuelos, que se encontraba muy abatido porque veía que no vendía los mueblecitos artesanales que fabricaba con sus manos. Era su única fuente de ingresos.

Don Ramón tiene 70 años de edad y lleva la mitad de su vida siendo carpintero

Don Ramón se especializó en la fabricación de muebles para muñecas, una maravillosa obra de arte. Tiene su puesto afuera de un zoológico ubicado en Chilpancingo, Guerrero, México.

Cuenta que todo lo aprendió por sí solo, cuando ante su sueño de ver a sus hijas felices quiso él mismo construirles los juguetes. No es para nada sencillo, ya que se trata de un trabajo manual que requiere mucha precisión y habilidad. A veces termina con dolor en sus manos, pero confiesa que no le importa.

Sin embargo, hace un mes su negocio lamentablemente no marchaba lo bien que quisiera. Iba como todos los días a su puesto, pero se llenó de angustia al ver que nadie se detenía siquiera a preguntar por sus artesanías.

Pero en ese preciso momento, Fer Valle caminaba por esa misma calle y se encontró con un Don Ramón devastado y con la mirada perdida hacia el horizonte. La joven no pudo evitar conmoverse y decidió acercarse para conversar con él. Enseguida lo tranquilizó y le dijo que no se preocupara, que ella acudiría a las redes sociales para que el mundo supiera las maravillas que hacía con sus manos.

«Miren la chulada que me encontré, el Sr. Ramón Rojas me pidió de favor que lo visiten, él está a un costado del zoológico Zoochilpan vendiendo estas artesanías que él elabora, textual me dijo «las hago con mucho amor».

«Súper gentil, me invitó a tomar asiento… Estaba triste porque no ha vendido ni una pieza, están hermosas y a buen precio. También hace las piezas en tamaño real. Ayúdenme a compartir por favor», escribió Fer en su publicación.

«Don Ramón, si lee esto, deseo de todo corazón termine todo», concluyó la joven.

El abuelito agradeció el gesto de Fer, sobre todo por el hecho que se hubiera tomado el tiempo para preocuparse por una persona mayor. Pero sinceramente, no tenía mucha fe de que la idea de la joven funcionara. ¡Qué equivocado estaba!

La publicación de Fer no tardó en dar la vuelta al mundo, muchos se emocionaron tanto con el gesto de la joven, como con la historia de don Ramón; a miles de personas les encantaron los mueblecitos y hasta les trajeron hermosos recuerdos de su infancia.

Ahora don Ramón ya no se da abasto a tantos pedidos que le hacen, incluso desde Estados Unidos.

Si esta historia con final feliz te ha emocionado tanto como a nosotros, no dejes de compartirla en tus redes.

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