Viudo de 94 años supera la soledad construyendo en su casa una piscina para los niños del barrio

El gesto de un viudo de 94 años para calmar el vacío por la muerte de su esposa, ha dado la vuelta al mundo, especialmente por lo emotivo e inesperado.

Para cualquier hombre, perder a la mujer de su vida para siempre debe ser devastador. Cuando han pasado toda una vida juntos, definitivamente no hay nada que pueda cubrir ese profundo vacío.

Nadie está preparado para decirse adiós, y tampoco lo estaba Keith Davison, quien en abril de 2016, perdió a su esposa y compañera de vida, Evy. Desde entonces tuvo que enfrentarse al desafío de quedarse completamente solo.

Cuando Evy falleció, la casa de Keith, un juez retirado, se sintió completamente vacía. Habían compartido 66 años juntos y tristemente, no logró sobrevivir al cáncer que le diagnosticaron apenas unos meses antes.

Pero el viudo de 94 años superó la soledad con un gran gesto para los niños del barrio que nadie podrá olvidar

94 años

La pareja tuvo 3 hijos, pero ninguno les dio nietos y tampoco viven cerca del anciano.

“Antes mi vida era como un cuento de hadas. Desde que falleció Evy, todo cambió. Así son las cosas cuando la gente que quieres se despide del mundo. Simplemente no puedes imaginar cómo es la vida con la ausencia. La extraño tanto, lloro mucho porque ella ya no está”, dijo el pobre hombre.

Keith pensó en un plan para que su casa, situada en Morris, Minnesota, Estados Unidos, y que cuenta con un patio enorme, volviera a tener alegría, risas y momentos inolvidables.

Decidió construir una piscina, y aunque no pensaba usarla, sí quería darles la oportunidad de disfrutarla a los niños de su barrio.

“No quiero estar sentado solo mirando las paredes. ¿Qué podría ser mejor que tener a un montón de niños jugando todas las tardes?”, relató el anciano.

Cuando propuso la idea la comunidad, se sorprendieron, inicialmente algunos vecinos pensaron que se trataba de una broma. En ese vecindario no hay una piscina comunitaria.

Lo normal es que existan áreas de recreación en una zona designada para el uso de los vecinos. Y cuando alguien tiene una piscina en su patio trasero, suele ser solo de uso privado.

Los vecinos vieron con agrado y asombro la construcción de la piscina en el patio de Keith, especialmente porque los únicos beneficiarios serían los niños, y todo gracias al gesto desinteresado del anciano.

La piscina tiene 9,75 metros de largo y 2,74 de profundidad en la parte más profunda.

También tiene un trampolín para que los niños puedan disfrutar de lanzarse al agua.

Para este adorable abuelito es una gran alegría que sus vecinos hayan sido receptivos a su plan, que le ofrece la compañía y energía positiva que tanto necesitaba después de quedarse solo.

Los niños del vecindario acuden felices con sus familias a disfrutar de la piscina en el jardín que ahora se convirtió en un sitio de encuentro para todos.

Keith se sienta complacido a mirar cómo los pequeños se divierten, el primer día en el que usaron la piscina que construyó con tanta ilusión dijo:

“Sabía que vendrían”.

Los vecinos agradecen el gesto de Keith y le ofrecen cariño y consuelo mientras su casa es un espacio en el que muchos niños disfrutan juntos las tardes más divertidas.

“Él siempre ha sido un vecino muy agradable y le encantan los niños”, dijo Jaime Mundal, quien vive sobre la misma calle y cuyos dos hijos ahora pasan largas horas en la piscina de Keith.

«Su casa está llena de vida», agregó. «Pero Davison aún sufre por ausencia de su esposa, con quien mantuvo un matrimonio de varias décadas. Él todavía guarda el reloj de Evy encima de su buró y no piensa quitarlo de allí. Las paredes de la casa aún le brindan muchos recuerdos de su difunta esposa, pues ella las decoró a su gusto».

Una de las vecinas del Keith, madre de uno de los niños que asiste a la piscina le dedicó estas palabras en un medio de comunicación local:

“Tú has adoptado a todo nuestro vecindario, estos son tus nietos”.

“Evy era toda una dama”, asegura Keith quien, aparte de llamarla “la luz” de su vida, solo lamenta que ella no esté allí para disfrutar de la alegría que ahora le brindan “sus nietos”. “Tener a los niños aquí ha sido muy agradable, me da mucha vida, pero si me es muy triste que ella no esté aquí para disfrutar todo esto conmigo”, concluyó.

Ahora es el abuelito de decenas de felices niños y tiene la compañía de una numerosa familia. Su grandioso gesto de solidaridad debería ser imitado y alabado por todos. ¡Qué hermosa manera de honrar la memoria del amor de su vida y a la vez lidiar con la soledad!