Un estudio demuestra que el olor de los bebés es tan adictivo como las drogas o el azúcar

¿Tan solo pensar en el olor de un bebé te hace estremecer de ternura? ¿Estás tratando en este preciso instante de evocar esa esencia a pijamita que nos enloquece? No es una simple casualidad que a la mayoría de las mujeres nos ocurra lo mismo: el efecto que causa el olor de un bebé en nuestros cerebros es el mismo que se produce por las drogas, la comida o el sexo.

¡Ahora entendemos por qué huelen tan divino! 

Científicos de la Universidad de Montreal afirman que, a diferencia de otras esencias, el olor de los recién nacidos activa nuestro sistema de recompensa cerebral. En este sentido, la reacción de las madres es comparable al placer que implica comer cuando se tiene mucha hambre o a lo que siente un adicto cuando recibe su droga.

“Es, de hecho, la satisfacción del deseo”, explica el Dr. Johannes Frasnelli.

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El Dr. Frasnelli es profesor de psicología en Montreal y recientemente colaboró, junto a otros colegas de Suiza y Alemania, en un proyecto de investigación sobre cómo afecta el olor de los bebés a nuestros cerebros. Con este fin se realizó un experimento en el que se capturó la esencia de varios bebés recién nacidos tras congelar las pijamas que estuvieron usando durante los últimos dos días. Posteriormente, 30 mujeres (15 mamás y 15 que aún no habían dado a luz) fueron puestas a prueba.

¡El mejor perfume de todos!

Así, conectadas a un escáner IRMf, cada mujer recibió tres muestras diferentes de esencias y una de ellas era la de bebé recién nacido. Mientras los investigadores estudiaban la reacción de sus cerebros, se les pidió que describieran cada uno de los olores. En el caso de la esencia de bebé, la respuesta más común era que se trataba de algo “ligeramente agradable”.

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Sin embargo, el escáner reveló que se trataba de mucho más que eso: el sistema límbico del cerebro de esas mujeres se había activado, siendo el circuito de recompensa de las madres el que más fuerte había respondido. Tanto fue así que marcó una clara diferencia estadística en comparación con aquellas a las que aún no les había surgido el instinto maternal.

Como ocurre con el resto de los mamíferos, el olfato genera en las madres la necesidad biológica de brindar amor y protección.

Incluso sin un bebé enfrente de ellas, los cerebros de las mujeres del experimento desbordaban endorfinas, también conocida como “la hormona de la felicidad”. Por esta razón, el Dr. Frasnelli afirma que si la esencia de un bebé puede encender tan intensamente nuestros centros de recompensa, entonces eso explicaría por qué la paternidad hace sentir tan feliz a madres y padres.

La dopamina, otra hormona identificada en el proceso, también está asociada al placer sexual y otras formas de gratificación. Así lo demostraron unas ratas de laboratorio a las que les aumentaron el nivel de dopamina utilizando electrodos. Estas se volvieron tan adictas a la sustancia química que olvidaron comer para seguir recibiéndola en sus sistemas.

“Quieres estar cerca de tu bebé, eso te causa mucha satisfacción”, explica el Dr. Frasnelli, “Hay personas que describen el olor de bebé como caldo de pollo”.

Por otro lado, todavía no se tiene certeza de si esta es una reacción inherente al ser humano o si es algo que le corresponde solo a la madre, puesto que hasta el momento no se ha hecho este estudio en hombres.

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El Dr. Frasnelli aclara que, asimismo, tampoco se sabe si la activación del sistema de recompensa cerebral en las mamás se debe a una reacción aprendida como producto de haber pasado tanto tiempo con sus pequeños, o si se debe a una química natural entre mujeres y bebés.

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