¿Crees que ser sensible implica ser débil? Pues no, en verdad los sensibles nacen para ser líderes

Creo que ser sensible es una de las cualidades más subestimadas. Generalmente lo asociamos con fragilidad y debilidad sin saber que en realidad representa a las personas que son muy fuertes porque solamente aquellos que son sensibles, conocen la valentía de poder expresar sus emociones en público, son capaces de reconocer y comprender sus emociones. Esto hace posible enfrentar nuestros miedos o superar los obstáculos internos. Y eso no es algo que haría una persona débil.

Lideres

Estoy segura de que en el mundo hacen falta más personas con alma sensible, conscientes de si mismas y de la importancia de ponerse en el lugar del otro. Conozco personas que son líderes natos. Un rasgo que es característico de un líder es el alto nivel de inteligencia emocional, saber comprenderse a si mismos y a los demás. Es imposible guiar a otros si no te conoces a ti mismo.

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Podemos explicar esto recordando un viejo proverbio: “Es absurdo que un hombre debe gobernar a otros, que no puede gobernarse a si mismo”. No hay dudas de que para que alguien pueda guiar a otros, debe comprender sus mecanismos internos y lo que le motiva a tomar decisiones. Alguien que no sea sensible no está capacitado para esto.

En este viaje de la vida, hay personas que nos ayudan en el camino con su ejemplo, con su orientación pero aquel que está perdido no podrá asumir ese rol. Estas personas sensibles, son seguros, prácticos, saben reírse de si mismos y también inspiran a otros a confiar en ellos.

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El reconocido psicólogo Daniel Goleman, en sus investigaciones sobre inteligencia emocional y liderazgo ha demostrado que los individuos emocionalmente inteligentes tienen el mejor perfil para ser líderes.

Tampoco se puede ser líder sin empatía.

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Piensa por un momento en los peores jefes que hayas tenido. Lo más probable es que los recuerdes como egoístas, profundamente inseguros y sin capacidad de escuchar y considerar la opinión de otro ni reconocer ningún mérito que no fuera el propio.

Quizás nunca mostraron compasión por los demás y mucho menos motivar al equipo que estaba a su cargo como guía que tiene mucho que aportar y enseñar. Lejos de eso imponían sus normas, muchas veces sin sentido y siempre funcionaban solo a su conveniencia. El respeto y la estima se ganan, no se imponen.

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Pero un gran líder no se parece a eso porque un líder de verdad sabe ser oyente, escucha con empatía, sinceridad y es honesto al tratar de ponerse en el lugar de la otra persona. Un líder sabe construir confianza, promueve a su equipo con entusiasmo, usa refuerzos positivos para motivar y ofrece soluciones Trabajar con un líder genera empleados felices y cuando el equipo está motivado es más productivo, creativo y eficiente.

El liderazgo compasivo es universalmente beneficioso. La empatía levanta el espíritu tanto de quien la da como de quien la recibe.

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Como Emma Seppälä, Directora de Ciencia en Stanford, afirma que:

“Los gerentes pueden rehuir de compasión por miedo a parecer débiles. Sin embargo, la historia está llena de líderes que eran muy compasivos y muy exitosos – Madre Teresa, Martin Luther King y Desmond Tutu, por nombrar algunos”.

Ellos fueron líderes inspiradores, y tanto, que la gente dejaba todo para seguirlos.

Creo que habría menos sufrimiento si todas las personas que ocupan el rol de líderes, desde un equipo de trabajo hasta un país, se ocuparan de ser empáticos, sensibles y compasivos.

Elite Daily

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