Irena, la enfermera que metió a 2.500 niños sanos en cajas, bolsas e incluso ataúdes

Irena Sendler fue una mujer valerosa y un ejemplo de hacer lo correcto a pesar de las dificultades. Ella vivió en Polonia durante la época de la 2da Guerra Mundial pero se negó a dejar que sus circunstancias determinaran su forma de ser y de vivir la vida. Irena decidió hacer lo correcto siempre sin importar el costo o el peligro. Por eso cuando vio la oportunidad de salvar a los niños de una muerte segura la tomó sin dudarlo.

Una mujer puede hacer la diferencia en la vida de muchos cuando decide hacer el bien.

Irena era una enfermera de Varsovia cuando se desató la ola de antisemitismo intenso en toda Europa.

Ella nunca se negó a dar la ayuda que le correspondía a ninguna familia a pesar de su credo, origen o religión.

Cuando se creó el Gheto de Varsovia comenzaron los verdaderos horrores. Ella empezó a prestar su ayuda voluntaria a Zegota (Consejo para Ayuda de Judíos).

Al ver las condiciones insalubres en las que vivían familias enteras ella decidió que debían hacer algo para ayudar.

Empezó a sacar niños judíos en secreto, ayudándolos a escapar del Ghetto con familias adoptivas o en orfanatos donde vivían escondiendo su identidad para sobrevivir.

Su labor no siempre fue bien recibida a pesar de sus buenas intenciones. Muchas madres judías no estaban dispuestas a enviar a sus hijos lejos con personas extrañas, claro que ellas no sabían los terrores que vendrían luego en los campos de concentración y muerte.

Irena tuvo que hacer uso de todos sus recursos y creatividad para poder poder pasar a los niños por el estricto control Nazi sin que estos se dieran cuenta. Al principio iban escondidos en las ambulancias donde trasladaban a los pacientes graves.

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Cuando la vigilancia aumentó ella tuvo que recurrir a meter los niños en bolsas de basura, sacos y hasta ataúdes.

Un caso sorprendente fue el de una bebé de tan solo 5 meses a quien Irena salvó escondiéndola en una caja de madera entre un cargamento de ladrillos. Lo único que le quedó de su familia fue una cuchara de plata que su madre escondió entre sus mantas.

Pero no todo quedaba allí, Irena tuvo la voluntad de llevar un registro de todos los niños que lograba sacar de la crueldad nazi. Ella mantuvo las listas con los nombres, las familias y los lugares a dónde habían sido enviados escondidas en jarras que enterró en el patio de su vecino.

Pero su valor no vino sin costos, ella fue torturada y maltratada muy duramente cuando la descubrieron.

Los Nazis descubrieron su labor y la metieron en la cárcel, pero a pesar de las brutales torturas ella no develó nunca la información del paradero de los niños. Fue sentenciada a muerte.

Pero no todo estaba perdido, algunos de sus colaboradores lograron sobornar a un guardia y la ayudaron a escapar. Ella tuvo que vivir durante el resto de la guerra oculta con una identidad falsa, pero nunca dejó de ayudar a otros.

Cuando los Nazis fueron derrotados y la guerra terminó Irena desenterró las jarras y le entregó la información al Comite de Judíos Sobrevivientes.

Se casó, tuvo tres hijos y vivió una larga y buena vida con la alegría de que, en el momento de mayor dificultad, ella había hecho lo correcto.

“Fue por lo que mis padres me enseñaron que yo hice lo que hice, ellos me enseñaron a hacer siempre lo correcto. Ellos me dijeron que una persona indefensa merece recibir ayuda desde el corazón, sin mirar a su religión o nacionalidad”

Fue nominada a un Premio Nobel de la Paz y su historia ha sido llevada al cine protagonizada por Ana Paquin.

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Ese rostro de ternura es el reflejo de una vida disrutada al máximo.

IrenaSendler

Comparte esta maravillosa historia, esta mujer es un verdadero ejemplo de hacer lo correcto aún en la adversidad.

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