Esta es la carta para la “chica del bañador verde” que ha causado revuelo…¡Descubre por qué!

Para muchas mujeres resulta incómodo estar en la playa con un traje de baño, la verdad que deberíamos sentirnos siempre a gusto con nuestro cuerpo y todas sus imperfecciones pero lamentablemente en muchos casos no se cumple esta regla.

Y es muy importante que comprendamos que aún con los defectos que podamos tener debemos amarnos y sentirnos plenas de lo que somos sin complejos, al fin y al cabo lo que vale es aquello que llevamos por dentro, nuestra alma, nuestra inteligencia, esa belleza que no se puede ver con los ojos.

Jessica Gómez estaba en la playa junto a sus hijos y decidió publicar en Facebook una carta para una adolescente que notó acomplejada con su cuerpo. Puedes visitar su perfil aquí.

Ella jamás lo imaginó, pero sus palabras que eran para recordarse a ella misma y para dejar un mensaje a sus hijos se convirtieron en una lección para muchos, ha sido compartida por miles de personas. Esto es lo que dice textualmente:

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QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:

Soy la mujer que está en la toalla del lado, esa que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, quiero decirte que paso un momento muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y sus risas, su conversación “trascendental” y la música me invaden en el aire.

¿Sabes? Me sorprendí un poco al notar que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con amigos a ser la que va con los niños.

Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti, te he visto y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa.

Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.

Te he visto sentarte en la toalla en una postura cuidadosa, tapando tu vientre con los brazos.

Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.

Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.

No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.

Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.

Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos -o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.

Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.

Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.

Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.

Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.

Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.

Me gustaría poder decirte que -créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.

Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?

Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.

A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…

Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.

Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.

Porque así es como todos merecemos ser queridos.

Y así es como todos deberíamos querer.

Cada línea nos invita a reflexionar sobre el valor de nuestra autoestima, y lo importante de formar desde la adolescencia una valoración positiva quizás el error está en que durante el aprendizaje nos enfocamos en aceptar la igualdad en lugar de reconocer que somos diferentes.

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Somos únicos y debemos empezar a amarnos nosotros mismos para poder sentirnos amados. Admiro la iniciativa de esta mujer, solamente sus palabras acertadas y el poder de las redes sociales lograron que cambiara miles de vidas. Esta es la publicación original:

En la siguiente imagen puedes ver a Jessica junto a su hijo, seguro que él y su hermanita crecerán con todas las virtudes que esta gran mujer les transmite día a día.

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¡Es grandioso! No dejes de compartir esto con tus amigos, y recuerda procurar que tus hijos crezcan reconociendo que todos debemos sentirnos amados y felices con nosotros mismos.

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