Un bebé y un perro en peligro encerrados en un auto con mucho calor, ¿A quién ayudarías?

Se trata de un experimento social en el que simularon tener a un bebé encerrado en un vehículo aparcado en un estacionamiento para estudiar la reacción de los transeúntes al escucharlo. Y plantearon la misma situación pero en lugar de un bebé, se trataba de un perro. ¿En cuál de las situaciones crees que las personas se preocuparon más? Yo me sorprendí mucho con los resultados y probablemente tú también, ya verás por qué…

Cuando había transcurrido una hora desde que comenzó el experimento, varias personas escucharon el llanto desesperado de un bebé y aunque comprobaban que estaba en el auto, seguían su camino. Solamente una persona se detuvo a llamar al servicio de emergencias 911.

Es oportuno decir que en Estados Unidos las cifras de mortalidad infantil por choques de calor tras permanecer encerrados en un vehículo son abrumadoras. Existe el hábito o en algunos casos distracción, de dejar a los pequeños en el auto sin tomar en cuenta que la temperatura puede aumentar 10 grados centigrados cada 10 minutos.

En cambio, cuando los transeúntes escuchaban al perrito, las reacciones fueron totalmente diferentes. En tan solo 20 minutos tres personas habían decidido actuar para salvarlo, uno de ellos trató de romper el cristal con su patinete, pero los organizadores del estudio lo impidieron a tiempo. Finalmente, un transeúnte utilizó su codo para romper el vidrio con determinación de salvar al perro.

¿Por qué nadie rompió el cristal para rescatar a un bebé?

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Podríamos obtener muchas conclusiones sobre ese comportamiento humano, lo cierto es que las reacciones fueron espontáneas. Quizás si les preguntaran antes a esas personas qué habrían hecho la respuesta sería distinta a lo que hicieron.

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Una de las teorías es que en el caso del bebé asumieron que alguien estaba cerca, o que muy pronto vendría el responsable a ayudarles porque se trata del cuidado de un ser humano. En cambio, en el caso del perro, dedujeron que su destino era morir allí.

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aldia.microjuris.com

Hay un punto muy importante y es que la sensibilidad ante un ser vivo que está en grave peligro no debería estar condicionada a “el qué dirán”, ni anticiparse al contexto y mucho menos de quién se trata. A pesar de que valoramos mucho el respeto por los animales y la defensa de sus derechos somos nosotros, los seres humanos, los que velamos por ellos. Ese bebé que pudo estar llorando desesperado es una de esas personas que en futuro tratará a los demás de acuerdo a la atención que él reciba.

Seamos compasivos ante el dolor de cualquier especie, pero empecemos por nuestra casa promoviendo los valores de respeto. Si no lo practicamos con los seres humanos, no podemos esperar que se acabe el maltrato animal que tanto rechazamos.

Recuerda que hay que hacer el bien sin mirar a quién. ¡Compártelo!

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