9 cosas que aprendí cuando mi madre murió

Heridas, cicatrices: Todos las tenemos, todos las sufrimos. A veces sanan rápidamente, otras veces tardan un poco más; son todas testimonio de batallas, de supervivencia, de la vida misma. Aunque no todas se vean a simple vista, siguen estando ahí. Alyssa Samson nos cuenta que fue el 3 de noviembre de 2013 cuando perdió a su madre, lo cual le causó una de las heridas (y su respectiva cicatriz) más grandes y dolorosas en su vida. Durante un año de duelo y grandes dolores que le parecieron insoportables, aprendió muchas cosas, y las comparte con todos nosotros. Estas son las 9 lecciones que Alyssa nos comparte:

1. El mundo no esperará por ti. Puedes sentirte completamente derrotado, pero la vida no es un videojuego: No puedes pausar el tiempo, volver atrás o tener un número ilimitado de vidas. Sólo tienes una vida, y la única manera de sanar es seguir adelante.

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2. Tus problemas no siempre estarán en la mente de todos. Cuando estás luchando tus propias batallas internas, parece increíble que nadie note por lo que estás pasando, pero es cierto: Los demás siguen sus vidas, quizá más rápido que tú. Pero al final, eso está bien.

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3. El amor no conoce fronteras. Solía temer que la distancia dañara mis relaciones con aquellos a quien amos más, pero aprendí que el amor (ese amor verdadero e incondicional) no sabe de fronteras ni límites físicos, nunca se perderá en el tiempo ni en la distancia.

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4. Las personas no pueden ser reemplazadas, pero puedes encontrar la paz. Perder a un ser querido puede sumirte en una desesperación indecible, y no hay llanto ni grito que pueda expresar el dolor que se siente. Puede tomar muchísimo tiempo recuperarse de ello, ese espacio quedará vacante, pero puedes encontrar la paz interior y seguir adelante.

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5. El secreto está en la percepción. Puedes pasar el tiempo preguntándote “¿Por qué a mí?”, o puedes levantar la mirada y ver cuántas personas desearían las bendiciones que tienes. A veces, la mejor medicina para el dolor propio es ayudar a aliviar el dolor ajeno.

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6.  Agradece por lo que aún tienes. Las personas más felices son aquellas que saben apreciar lo que tienen, ¡Y para eso nos sirven las situaciones amargas! Hacen que todo lo bueno que tenemos luzca aún más dulce ♥

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7. Aún tienes control sobre tu vida. Entender que tienes el control sobre tus propios sentimientos y acciones es lo primero para superar cualquier obstáculo. Quizá no puedas tener el control de todo en tu vida, pero tienes el control sobre tus reacciones y la dirección que tomarás.

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8. La adversidad no es una excusa para rendirse. Motivación, sueños y metas: Enfocarte en ellos no sólo te mantendrá moviéndote, sino que renovará y purificará tus pensamientos. No puedes recuperar lo que perdiste, pero aún tienes mucho qué ganar.

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9. No es un “Adiós”, sino un “Nos vemos después”. Sé que mi madre siempre estará conmigo, aún cuando sea una viejita tejiendo en una silla mecedora. Ella es tan irreemplazable que siempre estará conmigo, así que no es un adiós, sólo un hasta la próxima. Un día nos reuniremos 🙂

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Elite Daily

A veces nuestras experiencias más amargas nos ayudan a pulirnos, a sacar lo mejor de nosotros. Si podemos vencer la adversidad, ¡Podemos vencer cualquier cosa!

Comparte estas lecciones de vida con quien más lo necesite, ¡Todos necesitamos un poco de motivación de vez en cuando! 😉

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